martes, 18 de marzo de 2014
Grandes escritor*es
En el mundo literario actual, está de moda discutir si un escritor es un genio o no. Sobre todo si es contemporáneo nuestro, los clásicos están ahí, algunos los leen, otros se aburren, otros escriben tesis sobre ellos y también se aburren, otros los defenestran. Con nuestros genios contemporáneos tenemos una relación de amor odio: algunos nos parecen buenísimos, pero muy aburridos y otros son casi malos, pero uno se lee el libro en una tarde. Yo escribo. Sé (tengo la suficiente autoconciencia) para saber que no soy una escritora genial. Voy a decir por que. Isak Dinesen es genial; Mario Vargas Llosa es genial; Phillip Roth es genial; Guillermo Saccomanno es genial. Porque tienen sello autoral. Porque uno abre un libro de cualquiera de ellos y es un libro de ellos. Yo soy apenas una buena escritora; podría haber sido una escritora genial si me hubiera decidido por un estilo de narración, de escritura. No lo hice. Preferí no ser genial. Es una decisión propia y es una decisión delicada; lo genial a veces se confunde con lo alambicado, con lo pretencioso. Alejo Carpentier es genial en "El siglo de las luces" pero la gente que imita el estilo de Alejo Carpentier no es tan genial. El realismo mágico terminó siendo un género más. Después vino la moda de la escritura femenina. Eso no existe. No hay una escritura femenina. Las protagonistas pueden ser mujeres, pero la escritura femenina no existe. Si uno toma un libro de Alice B. Sheldon (James Tiptree JR), ninguno se da cuenta que está escrito por una mujer. Patricia Highsmith escribe policiales contundentes, y su Tom Ripley es un maestro de psicópatas. Los cuentos de Angélica Gorosdischer o las novelas de Claudia Piñeiro podrían estar escritas por un hombre (Mempo Giardinelli, por ejemplo) y nadie se daría cuenta. No digo que está mal intentar ser genial. Digo que es imposible. Yo escribo bien (medianamente bien) gracias a todos los libros que he leído. Después de tantos libros, como al hidalgo de la Mancha, se me secó el cerebro y puedo imitar cualquier estilo. Si mis cuentos y mis novelas tuvieran una impronta propia (pienso en "La ciudad y los perros", pienso en "La conjura contra América") sería una gran escritora. Soy solamente una buena escritora, y podría ganar, quizás, algún concurso de cuentos pero a esta altura ya no me interesa demasiado.
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