viernes, 21 de marzo de 2014

Variaciones de fuga de guitarra

                                                                         a Fernando Cabrera

Siempre los doctores dicen que me voy a morir y ella que se me murió primero. Yo leo a Shakespeare en esta última hora, que no me han dicho que es la última pero yo lo sé, y las mujeres que me cuidan (¿me cuidan para que no me muera? nunca entendí la caridad de las mujeres) ya lo saben, e incluso lo saben mis amigos que me conocen mejor que yo y saben que me avergüenza haber llegado a ser tan viejo, aunque para los demás no sea viejo. Las canciones que ya compuse y los disquitos que grabé ahí quedan; ahí queda también la fama, trajecito que no usé nunca porque a un hombre como yo la ginebra le basta. Podría cantar que ella se murió de amor por mí, pero es en realidad como en esa película mexicana donde la mujer al final bebe hasta morirse y su hija y su madre la dejan solita, hay algunos perros que merecen morir solos. Yo también moriré solo o mejor dicho moriré con ella; cuando era joven era el amor y la esperanza y la lucha pero ahora es el frío de esta ciudad casi marítima, ahora es el arcángel que se me mete hasta los huesos y la tristeza de saber que soy solo una derrota. Otros cantarán mis canciones, como le ocurre a cualquier cantante, otros serán mis herederos sin saberlo y quizás alguno sea feliz en el intento de encontrar en la guitarra un punto de fuga. Ya no sé si las canciones que cantábamos de jóvenes tienen sentido; ahora el mundo es otro y yo me estoy diluyendo en ese pasado brillante y oscuro, de prohibición y de muertes, de enemigos y de cuerdas cortadas en la mitad de un concierto.

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