jueves, 13 de marzo de 2014

Los muchachos del PRO no saben bailar cumbia

         Diario de Amalia

Voy por la tercera parte del libro de Hoffmann. Tengo la leve esperanza de que el presidente del tribunal de Constitucional se olvide que lo incluyó en la bibliografía. Estoy a punto de dormirme; para no hacerlo pongo el canal Cinemax. Están pasando una película muy interesante, un poco pornográfica y la verdad que es más interesante que el libro de Hoffmann. No comprendo, en realidad, lo que quiere decir Hoffmann ni tampoco lo que quiere decir la película, pero parece que las relaciones interraciales son muy artísticas. Me quedo un poco dormida. Suena mi celular.
- Hola, soy Germán.
- Hola, Germán. ¿Qué querés?
- Aldana me dejó.
No me sorprende. Para nada.
- ¿Por qué te dejó?
- Porque soy del PRO.
No, hay que darle una medalla. ¿Cómo se le ocurre decirle que es del PRO a una chica que estudia Filosofía y milita en la Fede? ¿A quién se le ocurre? ¿Por que hay que darle consejos sentimentales a los hombres, si son de manual? Meten la pata siempre.
- Y, sí... Claro que te iba a dejar. Votaste a Macri.
- Me comprendía un montón.
- Sí, no lo dudo. No hables mucho adelante de una mujer. Las mujeres escuchamos. Los hombres no.
- Parece que no le gustó la boutique de Gretel.
- Que raro. Tiene cosas divinas.
- Sí, pero no encontró talle.
- Uy, claro. Yo esa no la cazo porque estoy a dieta siempre, pero entiendo...
- Yo pensé que tenía alguna oportunidad.
- Yo también, Germán.
- ¿Y ahora que hago?
Es cierto que me quejo de ser comprensiva, pero la verdad es que Hoffmann me tiene podrida. Bueno, voy a tirar un rato los libros y voy a escuchar la espantosa vida sentimental de este muchacho.
- Vení a mi casa. Vamos a ir al cine. A ver una de tiros.
- Odio las películas violentas.
- German...
- ¿Qué?
- ¿Estás seguro que no sos gay?




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