jueves, 25 de abril de 2019
Posfacio a El quinto asiento
En el breve relato El quinto asiento intenté narrar una historia en una realidad ucrónica -es decir, donde el protestantismo no ha triunfado. Debo decir que esta realidad ucrónica no fue imaginada primeramente por mí, sino por Keith Roberts, que en una bellísima novela llamada Pavana narra la vida de varias generaciones en una Inglaterra que sigue siendo cuasi medieval y católica. Para imaginar esa realidad paralela, Keith Roberts imagina que Elizabeth I es asesinada cerca del 1600 e Inglaterra es invadida por España. Más perezosa y menos proclive a los magnicidios literarios yo he elegido que el padre de Elizabeth I, el famosísimo Henry VIII, no termine nunca de divorciarse de su primera esposa a causa de Ana Bolena. En todo caso, la ucronía literaria sí s el reino del caos; nadie sabe a ciencia cierta (ni siquiera los historiadores) que hubiera ocurrido si nuestro pasado hubiera sido distinto. En cuanto al funcionamiento de la Gran Inquisición, debo decir que es totalmente imaginado por mí. En todo caso el término asiento para detentar poder no lo tomé de ningún libro histórico, ficcional o no, sino del animé Shokugeki no Soma, porque los mejores estudiantes de la escuela de cocina en la que se desarrolla son una élite y son llamados asientos; me pareció una linda palabra.
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