viernes, 5 de abril de 2019

La voluntad y el quiebre del trotskismo en los años 60

Me gusta mucho leer La Voluntad de Caparros-Anguita porque además de ser una gran crónica periodística se puede leer como una novela histórica. En las últimas páginas de La Voluntad encuentro retratado el clima epocal de mi primera infancia: supongo que a todos los nacidos entre 1974 y 1983 nos debe pasar lo mismo: el Mundial 78, la plata dulce, la Guerra de Malvinas, las marchas contra la dictadura están adheridas a nuestro ADN con tanta fuerza como las películas de Porcel y Olmedo y los monólogos de Tato Bores.
Sin embargo, más allá de la valoración de la obra, después de leer La Voluntad varias veces encuentro una disparidad de voces. La mayor parte de los narradores (Horacio  Gonzalez, Graciela Daleo, Nicolas Casullo, Envar el Kadri) pertenecieron a Montoneros o a la JP. Las voces del ERP-PRT aparecen, pero son mucho más débiles. El derrotero del ERP-PRT está narrado fundamentalmente a través de minutas internas, narraciones de terceros y recortes periodísticos. No puede decirse que La Voluntad no sea un trabajo suficientemente documentado, así que la diferencia en esa disparidad de voces hay que buscarla en otro lugar.
Puede pensarse, tal vez, en la literatura de los años 60-70. Los tres escritores desaparecidos más famosos son Rodolfo Walsh, Paco Urondo y Haroldo Conti. Los tres eran escritores reconocidos internacionalmente cuando comenzó la represión y hubo un reclamo internacional en la comunidad de escritores cuando desaparecieron. Pero hay una diferencia sustancial entre los tres escritores: tanto Rodolfo Walsh como Paco Urondo pertenecían organicamente a Montoneros. Eso no justifica su desaparición y asesinato (nada lo justifica); pero ambos estaban clandestinos, ambos estaban armados, ambos sabían el riesgo que corrían. Paco Urondo fue a Mendoza por decisión de la cúpula de Montoneros, aún cuando -esto es sabido- era muy riesgoso ir a Mendoza en el año 1975. Rodolfo Walsh sabía perfectamente lo que arriesgaba al no elegir el camino del exilio; puede objetarse que para Rodolfo Walsh hubiera sido imposible exiliarse. La verdad es que podría haberlo intentado; no lo hizo por decisión personal. En cambio, en el caso de Haroldo Conti, su adhesión al ERP-PRT era mucho menos orgánica. Por empezar, cuando lo desaparecen no estaba clandestino: lo detienen en su casa. Por otro lado no he encontrado en ninguna de las muchas narrativas sobre los 70 indicios que digan que Haroldo Conti participaba activamente de la militancia armada del ERP; podía ser considerado un simpatizante, un colaborador, pero no tenía el rango de involucramiento que sí tenían Rodolfo Walsh y Paco Urondo. Sin embargo, fue desaparecido y muerto (es decir, fue considerado tan peligroso) como ellos dos. No puede decirse que la dictadura militar no supiera lo que jugaba  al desaparecer y asesinar escritores; el reclamo internacional fue inmediato, especialmente en el caso de Haroldo Conti. Puede sospecharse que esperaban sofocar ese crimen con la utilización de escritores mucho más famosos y "políticamente" ascépticos. Hasta que punto estos escritores fueron inocentes de que los estaban utilizando y hasta que punto el interés de la Junta Militar en ellos halagó su vanidad (la vanidad de casi todos los escritores es, se sabe, infinita) es algo que no puede saberse; en todo caso, desde que el mundo es mundo ha habido escritores "políticos" y escritores que juran que la política no les interesa, hasta que les dan premios nacionales o salen en televisión a opinar sobre el gobierno de turno.
La verdad es que la represión paramilitar y militar fue selectiva con respecto al origen político de la gente que detenía y desaparecida. Esto no es ninguna novedad: las personas que pertenecía a Montoneros tenía alguna probabilidad de sobrevivir. Las personas del ERP-PRT fueron diezmadas. El debate de Nahuel Moreno y Santucho, que quebró al trotskismo argentino en los años 70, fue saldado de la manera más cruenta: en los hechos. Muy poca gente del ERP quedó para contar su historia, a diferencia de lo que pasó con Montoneros. No es demasiado sorprendente considerando que Montoneros era un movimiento más masivo y heterogéneo que el ERP-PRT; de todas maneras sorprende que en ningún momento las personas que lideraban el ERP se hayan cuestionado seriamente la lucha armada. Que en ningún momento hayan visto que la lucha armada los estaban alienando, alejando cada vez más del proletariado y el pueblo que decían representar. Que un pueblo con paritarias, sindicatos, vacaciones y acceso a la educación difícilmente tome las armas para hacer la revolución y que hacerlo (tomar las armas) en nombre del pueblo es bastante cercano al fascismo. Que por más que los teóricos izquierdistas europeos hablasen sobre el foquismo y el tercermundismo, una cosa es la teoría de izquierda y otra cosa es la realidad. Ni el ERP ni Montoneros vieron esto y esta ceguera generó mucha más catástrofe que si sus dirigentes se hubieran aburguesado y presentado a elecciones.
En todo caso, esta obstinación ciega de ERP y Montoneros con respecto a la lucha armada, terminó con la reacción armada de la derecha, la creación de grupos militares de derecha y el golpe militar. Nunca he creído la excusa de los militares de que la única manera de detener a las agrupaciones armadas de izquierda en Argentina haya sido la de detener y desaparecer: en realidad, con haber detenido legalmente a la dirigencia de las agrupaciones armadas y juzgarlas según el código penal, hubiera alcanzado. Al no hacerlo, la derecha argentina, entre la que incluyo a los militares, demostró que tenía una agenda oculta: la de desaparición de trabajadores y sindicalistas, maestros, médicos e investigadores, la de la patria financiera, la de destrucción de la industria nacional. Hasta hoy estamos viendo las consecuencias de ese agujero negro en nuestra historia; de las consecuencias económicas y sociales e incluso socioculturales de la represión del año 74 al año 83 apenas se habla. Y sin embargo es donde la derecha dejó su rastro más marcado: para eso no existe reparación, memorial  ni museo que valga.

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