domingo, 28 de abril de 2019

La muerte de un rey. 69º parte

                                                                                           No cuentas por los Cónsules los años;
hacen tu calendario tus cosechas;
pisas todo tu mundo sin engaños.
                                 Francisco de Quevedo

                                                                        Rodrick, camino de las montañas de Aruel

Creía que Pauline dormía, pero ella estaba mirando Los Aristogatos. No había nadie más cerca.
Nunca hablas de ellos, le dijo.
¿De quienes? le preguntó Pauline.
De Neville. De Fleur. No finjas que no entiendes.
Rodrick, le contestó Pauline, hace frío aquí arriba en las montañas y nos estamos fugando y si caemos nosotros dos la Máquina caerá y no sabemos que ocurrirá. No es momento para...
Rodrick se calló. Había algo de nieve . Podían verse algunas estrellas, aunque era una noche más bien nublada. 
Algunas noches, siguió diciendo, pienso en ellos.
Yo intento no pensar nunca, dijo Pauline con dureza.
Lermoune Filland, el Turco, Indigo y Will dormían. Vamos hacia un lugar desconocido y somos inmortales. Somos los Mil, pensó Rodrick. Hemos traído catástrofe a este pobre planeta. Todo a causa de Eliza y de Sarar, y de Melinda. A causa de mí, en última instancia. Pero ¿quién era yo antes de conocerlos? Y después, incluso después, cuando ya sabía que no sabía demasiado, que no sabía tanto como creía, no retrocedí. Retroceder hubiera significado que Eliza muriera, que Melinda muriera. Las hipótesis científicas son hermosas e investigar es hermoso, todo era hermoso en esos años, pero ahora... Fleur y Neville, no puedo hablar de ellos delante de Pauline.
Están muertos, dijo Pauline, de pronto.
Mis dos hijos están muertos. ¿Cómo habrán muerto? ¿Me habrán buscado? Seguramente sí. ¿No soy una persona horrible?
Rodrick siguió callando. Si lo dice en voz alta, pensó, en realidad me lo dice a mí.
Traerlos hubiera significado... siguió Pauline. No sé que hubiera significado. Nunca creí demasiado esa historia, ni cuando conocí a Amparo y a Lermoune, en el fondo seguí creyendo que estabas bastante demente, que Amparo y Lermoune eran parte de una secta tipo clan Mason, que te habían lavado el cerebro. Eliza allí, dormida, no era prueba de nada, era solo una niñita dormida. Pobre Rodrick, recuerdo que pensaba. Era demasiado buen científico para sobrevivir normalmente en nuestro mundo. Si te hubiera unido a la Iglesia de la Ciencia Cristiana, también lo hubiera entendido. Todos se burlaban de tí en la Ivy. Lo recuerdo. También yo me burlaba. Entendías tanto de filosofía, de nanotecnología y de teorema de Godel, pero tan poco de las personas. Y de pronto desapareciste... A todos, en el fondo, nos pareció normal. Siempre hay personas así en Harvard y en Yale y en el MIT. Hombres y mujeres brillantes, pero que no saben sobrevivir en la sociedad. Nunca creí, en el fondo, tu historia, aunque cuando Amparo y Lermoune la confirmaron.
Te enfureciste, dijo Rodrick.
Era cierto lo que les dije. Ninguno de ustedes, ni tú, ni Gaspar, ni Leonore, ni Raschid, ni José el de las cabras sabían si funcionaría. 
Era cierto, aceptó Rodrick. Ninguno sabía.
Pero tenían razón. Su plan, el gran plan funcionó. Y ahora miro Los Aristogatos y recuerdo cuando Neville quería hacerse el gracioso y copiaba al gatito de los Aristogatos jugando sobre el piano. Y recuerdo que tía Leure le decía, es un Bechstein, se desafina y que Fleur repetía exactamente su tono, retando a su hermano, es un Bechstein, se desafina. Y que ahora Leure, Neville y Fleur están muertos. Y a mí solo me queda el consuelo de ver los Aristogatos. No me preguntes más porque nunca hablo de ellos. No, Rodrick. Quizás si hubiera sentido menos pena por tí y te hubiera encerrado en un manicomio... Pero, no sé porqué te culpo. Fui yo la que... No volviste a hablarme después de ese día. Al único que habría que culpar es a Oregon.
Pobre Oregon, dijo después Pauline. Si supiera que Eliza está ahora en los calabozos del rey, por voluntad propia... Ha resistido bien la tortura. Omar la cura, Jorginho se burla de ella. 
Pensar que es la misma niña que vi dormida en el regazo de Amparo. Para mí nunca puede ser la misma persona.

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