lunes, 15 de abril de 2019

Las crónicas de The Lapiszlazuli Bird

Grabamos los temas (no es por autoelogiarme, pero mis dos cuatro o cinco compases con entradas de batería en uno de ellos eran lo mejor que he oído en la música en mucho tiempo; aunque las otras tres integrantes de la banda también estaban bastante bien) y los enviamos al concurso. Como se hizo exactamente no sé, porque mi sabiduría técnológica llega hasta el mini cidi de fines de los 80, que supuestamente era el futuro en tecnología músical pero finalmente no lo fué; mi sobrina intentó explicarme algo acerca de Bandcamp y los sistemas operativos de código abierto pero es como cuando me toca sentarme en una cena al lado de un auditor del IRS e intenta explicarme como se deducen los impuestos; algo confuso, nebuloso y finalmente inentendible. Pero las canciones eran bien bonitas, eso sí. Por lo menos eso pensaba yo. Bah, pensábamos todos nosotros. Hasta que llamó uno de los organizadores del concurso. No sé por qué, me llamó a mí. Era tarde y estaba viendo una reposición de Judge Amy.
- ¿Hola? ¿Hablo con uno de los integrantes de The Lapiszlazuli Bird?
Carraspeé. Me sentí importante. Era integrante de una banda de rock. Probablemente habíamos entrado al concurso de bandas. Genial. Era un rockero; mejor aún, era un baterista de rock.
- Sí- le dije- Soy el baterista.
- Ah. Hola. Encantado. Hay un pequeño problema con una de las canciones.
- ¿Qué pequeño problema?
- Es que... Nos encanta la canción. En realidad, las dos canciones. Y la cantante, bueno, wow. Suenan geniales. Pero pedimos originales, no covers.
- ¿Qué me quiere decir? Las dos canciones son originales.
- Bueno, Love me Deadly sí. Pero la otra...
- ¿Dreaming Song?
- Es incómodo de decir. Es muy raro que pase.
- La música de Dreaming Song es original nuestra, le aseguro. Es cierto que a la guitarrista le gusta mucho Fionna Apple y Florence + The Machine, pero nos esforzamos mucho porque sonara original.
- El problema no es la música. Es la letra.
- La letra también es original. Es- allí alteré levemente la verdad- mía. La escribí en un momento desgarrador de mi vida.
- Si, no lo dudo, el momento debe haber sido desgarrador, la letra es desgarradora. Pasa que es una copia descarada.
- ¿De otra canción?
- En realidad, ese es el problema. No es un plagio de la letra de otra canción. Es un plagio de la letra de cuatro canciones diferentes. La verdad, es un plagio buenísimo. Había pocas posibilidades que nos diéramos cuenta. En Dreaming Song está plagiada la letra  de cuatro rarezas de caras B de bandas universitarias de New York que solo grabaron un CD a finales de los '80. Casi nadie sabe que las canciones existen. Excepto yo. Porque yo estudié en la Universidad de Nueva York a finales de los ochenta, y aunque no me gradué fui amigo de dos de los integrantes de esas bandas y, por poco probable que parezca, aún tengo sus CDs. Y me acuerdo de las letras, porque las cantaba en las bares donde mis amigos tocaban.
Me quedé helado ante la historia. Mi hijo era un delincuente. ¿Cuántos años es el castigo por infringir los derechos de autor? Pero yo me sacrificaría, iría preso por él. Es lo que cualquier padre haría.
- Le digo esto- siguió diciendo el hombre del otro lado del teléfono- porque esa canción, definitivamente, no puede entrar al concurso. La posibilidad de que alguno de los autores originales se entere  del plagio es remota, pero en estos días entre You Tube, Instagram, Spotify, Bandcamp y Facebook nunca se sabe y podría causarle algún tipo de infarto a alguno de mis viejos amigos. Porque, sabe, en esos años eran jóvenes despreocupados y que no usaban abrigo pero ahora son hombres bastante viejos con problemas de colesterol, presión  y diabetes.
Ese último comentario me dolió un poco. Sobre todo porque yo tenía veinte años más que sus amigos y si ellos eran hombres viejos ¿cómo me calificarían a mí?
- Entonces vamos a sacar a Dreaming Song . Pero The Lapiszlazuli Bird es muy bueno y queremos que participe. Lo malo es que tienen que componer una canción original, totalmente original, para dentro de treinta y seis horas. Ya sé que es poco tiempo. Es lo mejor que puedo hacer por ustedes. Y le agradezco por haber plagiado las canciones de mis amigos: yo también pienso que eran muy buenas. Muchas gracias.
Cortó la comunicación. Suspiré un poco aliviado. Al menos no iría a la cárcel por culpa de mi hijo mayor. Pero tenía que decirle al resto de la banda lo que había pasado y seguramente se enfurecerían conmigo, aunque no Goldie, que algo sabía y había apoyado mi delito. Si hubiera ido a la cárcel, ella tendría que haber ido conmigo.

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