domingo, 28 de abril de 2019

Mal uso del erario público.

Se habla mucho acerca de mal uso o del mal gasto del erario público. Algo terrible. Casi tan escandaloso como algún divorcio, alguna infidelidad o algún comentario en Twitter o en Facebook. Y sin embargo... En setiembre una maestra de Moreno denunció que la habían secuestrado y le habían tajeado ollas no en el vientre. Las fotografías se vieron. Después pasó lo de la inflación, lo de River-Boca, lo del dólar, los regalitos para navidad y las vacaciones y gente de la farándula se peleó y ahora estamos discutiendo si Macri, Cristina o Lavagna. Y el fiscal encargado de la causa de la maestra ahora, en un giro digno del mismísimo Edgar Allan Poe, acusa a la maestra por falso testimonio. Entonces uno piensa: han ocurrido tantos crímenes concretos desde el mes de setiembre, que no se investigaron, que son ajustes de cuentas según la prensa, la policía y la justicia, y también piensa en que un fiscal gana bastante más que el común de los mortales y además supuestamente debería estar interesado en su trabajo o al menos fingir -como para simular, nomás- cierto interés. Parece que acusar a una maestra que denuncia amenazas por falso testimonio es alguien que se está sacando un problema de encima. Parece desinteresado en su interés en la justicia. ¿Es imparcial la justicia de este país? Una maestra acusada de falso testimonio y tantos crímenes de mujeres, de chicos, de hombres, de ancianos sin resolver. Sin investigar. Suena a pesadilla. ¿A que tipo de justicia están sustentado desde el erario público?

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