miércoles, 24 de abril de 2019
El paraíso argentino
He leído un hermoso libro acerca de crítica literaria, El Paraíso Argentino, escrito por un muy buen periodista de Página 12, Claudio Zeiger. Me gustó mucho porque habla de escritores argentinos olvidados y sobre los que, yo al menos sobre algunos, tengo muchos prejuicios. En los autores que ennumera (Benito Lynch, Ricardo Güiraldes, Silvina Bullrich, Beatriz Guido, Manuel Mujica Lainez, Martha Lynch, Oscar Hermes Villordo, Eduardo Mallea) al único que he leído con mucho placer es a Manuel Mujica Lainez: siempre me ha parecido que Misteriosa Buenos Aires tiene varios de los mejores cuentos de terror de la literatura argentina escondidos detrás de su estilo decadentista a lo Oscar Wilde. Al resto, confieso, no los he leído, excepto en reportajes a algunos -Silvina Bullrich, Martha Lynch, Oscar Hermes Villordo-; recuerdo haber visto de chica una telenovela sobre La Señora Ordoñez, de Martha Lynch. No mucho más. Más allá de que estoy muy lejos de ser una experta en literatura argentina, me gustó la observación en la introducción que escribe Claudio Zeiger: observó que antes de la dictadura militar del 1976 a 1983 la literatura argentina tenía su propio canon, sus propias controversias y sus propias estratificaciones sociales: ocurre en todas las literaturas: los expertos en literatura de Harvard y Yale no estudian a Stephen King ni a George R. R. Martin, sino a otros autores mucho más aburridos pero que imitan (mal) a Cheever o a Phillip Roth. Después de la dictadura la literatura argentina quedó partida en dos, literalmente. A algunos escritores, como a Bioy Casares, como a Silvina Ocampo, como a Jorge Luis Borges lentamente se les fué perdonando su apoyo a la dictadura militar. A otros, como a Silvina Bullrich, o a Beatriz Guido o a Martha Lynch, o a Eduardo Mallea, la historia de la literatura no los perdonó; cosa increíble si se piensa que las tres primeras eran best sellers - a niveles inimaginables ahora- en la década del sesenta. El paraíso literario es tan efímero como cualquier paraíso.
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