domingo, 21 de abril de 2019

El libro como objeto de deseo

Leí hoy en Infobae un buen reportaje a Alan Pauls, que habla de su libro Trance, y habla del libro como objeto. Tengo que decir que hoy en día el PDF, el Kindle y la informática en general han corrido un poco al libro como objeto y sin embargo, tuve una experiencia personal que es rara pero es muy linda. Hace un par de años salió la película Kriptonita y la leí en la computadora y mi hijo leyó también el libro en PDF. Nos gustó mucho a los dos. Pero un par de meses después le pregunté a mi hijo que quería que le comprara. Me dijo que quería que le comprara la novela Kriptonita. Pero ya la leíste, le dije. Ya la leímos, quería decirle, no hace falta que compremos la novela. Ya sé, me dijo, pero quiero tenerla en físico. Si uno recorre sitios de Facebook sobre libros, los adolescentes leen mucho por Internet. No solo hay libros canónicos de la literatura, sino mucha fan fiction, y muchos sitios web hechos por fans que saben más de la obra de un autor (sea Stephen King, sea George R. R. Martin, sea Suzanne Collins, sea J. R. R. Tolkien, sea Lovecraft) que probablemente el mismo autor. La felicidad que tienen esos fans adolescentes y jóvenes cuando compran sus primeros libros "en físico", es decir reales y  postean sus fotos, es algo muy extraño y a la vez muy concreto: muchas veces decimos por pereza mental que el adolescente no lee y que está en la pavada. Es simple pereza mental adulta: un chico o una chica de dieciséis años hoy en día tiene probablemente mucha más información cultural que yo a esa edad. Y (cosa rara) les siguen gustando los libros en físico. Los siguen comprando. Admiran y veneran a sus autores favoritos y quieren ser como ellos. Lo cuál, como lectora bastante fanática, me parece lógico: ¿que lector no quiso ser Mark Twain, Victor Hugo, Phillip Roth,  Miguel Hernandez? Yo estuve releyendo ayer Los casos del Comisario Croce y me hubiera encantado ser Ricardo Piglia cuando los escribió.

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