domingo, 21 de abril de 2019

La plata de mis impuestos

Cuando oigo a alguien en la tele o en la radio decir "con la plata de mis impuestos se hace tal cosa o tal otra" me da un poquito de risa, porque no hay nada que a muchos argentinos les guste más que evadir impuestos y cargas sociales. No hay más que ver el escándalo que surje en muchos hombres y mujeres  cuando alguien les dice que a un obrero de la construcción o a una empleada doméstica les deben pagar jubilación, obra social y darles un mínimo de seguridad laboral; ni hablar si hablamos de trabajadores que provienen de otros países, limítrofes o no. Pero como, dicen los descendientes de migrantes españoles, italianos o judíos de tercera generación, un paraguayo, un boliviano o un senegales van a tener los mismos derechos que yo. Si, obviamente, no son argentinos. Como si ser argentino fuera una especie de destino sagrado o de oleo ungido que nos da derecho a explotar a otros seres humanos. Hay periodistas que se escandalizan porque la palabra "culo" aparezca en una investigación del Conicet (que ellos pagan con "sus impuestos") mientras ellos la dicen en televisión. Bueno, en principio, si la palabra culo les resulta tan desagradable en una investigación del Conicet, harían bien en no repetirla por televisión o por radio: es mucho más probable que un chico de cinco años, a quién su madre y su padre y su abuelita le dijeron que está mal decir malas palabras, la escuche. Es mucho menos probable que ese chico de cinco años se interese por una investigación del Conicet. Es más, es muy probable que el chico ni siquiera sepa hasta ahora que exista el Conicet. Ahora, quizás, gracias a esos periodistas, el chico se enteró que el Conicet existe y que se hacen investigaciones sobre o hacia la mala palabra prohibida. Resultado, ya en su cabeza (todos los que somos padres sabemos que los chicos de cinco años son lo contrario a la docilidad) el Conicet le empieza a parecer un lugar interesante, como el mundo de Peppa Pig o The Avengers. Quizás por culpa de esos periodistas dentro de veinticinco años tendremos un montón de investigadores del Conicet, gastando el dinero de nuestros impuestos en investigaciones sobre las partículas subatómicas, la cura contra el cáncer y la energía solar; eso, si dentro de veinticinco años la Argentina sigue existiendo. Lo cuál, pensándolo bien, no suena tan mal como futuro. Y tendremos que agradecerles a ciertos periodistas. Sobre todo sus padres;  me los imagino yendo a la radio o a la televisión y diciéndoles: mi hijo quería ser Thor o el primito de Dora la Exploradora y ahora, por culpa de usted, es científico. Muchas gracias.

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