martes, 9 de abril de 2019
Debate sobre la lengua castellana que hablamos
Estaba en Rosario (no por casualidad, sino porque vivo en Rosario) cuando fue el Congreso de la Lengua Española en Rosario y seguía en Rosario hace poco, cuando fue el Congreso de la Lengua Española en Córdoba. Hay un debate perpetuo entre el español oficial (el de la RAE) y el que se habla, el que se lee, el que se escribe. En el caso de una lengua como la española que se habla en Tijuana, en Caracas, en Valladolid, en Miami, en Marbella, en La Matanza, en Lima, en Guayaquil, en Granada, en Asunción y en Usuhaia, poner reglas, sea la Real Academia de la Lengua, sean los profesores de Literatura, sean los correctores de periódicos que aún siguen vivos y trabajando o sea el Ministerio de Educación de Santa Fe, es como decirle al mar que no haga olas porque nos moja. Si además se le suman los medios de comunicación masivos, donde incluyo a Internet, es aún más complejo. Recuerdo que cuando mi hijo tenía siete años fui un día a buscarlo a la escuela y una de las docentes me preguntó si era boliviano, por como hablaba. Le dije que no; no pude explicarle (probablemente no lo hubiera entendido) que mi hijo hablaba un castellano que a su oído sonaba antiguo y probablemente lo relacionaba - no sé por qué- con Bolivia, porque miraba Discovery Kids y Nickelodeon, donde el doblaje está hecho en México y los dibujitos que a él le gustaban hablaban así. Porque yo también sé desde chica el significado de rájele, torta de jamón, vecindad y chapulín para un mexicano gracias a mis horas viendo el Chavo del 8. La mayoría de los adolescentes saben hoy inglés al mismo tiempo que español, y como hispanohablantes podemos ofendernos, indignarnos, asombrarnos, extasiarnos: la verdad es que el inglés es actualmente un idioma bastante útil, sobre todo para conocer mucha información que a la persona que solo sabe hablar español le es denegada. La globalización, que para mucha gente es un monstruo, también tiene esos efectos positivos: la democratización del saber y la democratización de la lengua. De todas maneras, todas las personas que hablan español, saben que hay niveles de lenguaje: un escritor habla de una manera en su casa, de otra manera cuando escribe y de otra manera cuando va a comprar leche. Igual que un ama de casa o un ministro de Economía. En todo caso, la lengua castellana que hablamos hoy en día es más permeable a los cambios que aquella que se consideraba "correcta" hace cien años atrás. Esto, que asusta a varios, es en realidad una buena noticia para los hispanohablantes: un idioma que se transforma es un idioma que se utiliza. Los únicos idiomas que no se transforman son los idiomas muertos.
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