lunes, 20 de agosto de 2018
Tomas Abraham
Está de moda burlarse de Tomás Abraham. Es un pensador incómodo: no es para nada demagógico. No hay que confundir nunca demagogia con populismo: el populismo el lo popular, lo que sabemos todos, el fútbol, el rock, el tango, el asado, el mate, la moda. Lo demagógico es lo que dice que el saber popular es menor que el saber académico y que hay que explicarle a la gente en las calles como si fueran niños de tres años. Mal utilizado termina en las camisas negras y en las esvásticas. Además discutiría a muerte que el saber popular es menor que el académico: hace años que el saber académico parece un congreso de teólogos medievales discutiendo cuantos ángeles bailan en la cabeza de un alfiler (aunque esa discusión al menos era encantadora). Me interesa Tomás Abrahan cuando habla sobre la historia reciente Argentina, que es desgraciadamente una historia de masacres. Dice, por ejemplo: la enseñanza de Instrucción Cívica en el colegio secundario no impidió que hubiera hombres (y mujeres) dispuestos a torturar y a matar y a robar durante la dictadura. Ese es un buen planteo para empezar a entender la historia argentina.
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