domingo, 26 de agosto de 2018
Alejandro Bercovich
Es mi economista favorito por dos cosas: una, milito en el trotskismo, y dos, su mujer es periodista deportiva. O sea, una típica familia judía: el hace los mandados y ella le enseña a jugar al fútbol a sus hijos. Eso es repartirse las tareas del hogar, che. Y también me gusta porque tiene sentido del humor y no grita cuando explica las cuestiones económicas aparentemente tan complicadas que hay que disfrazarlas de metáforas atmósfericas. Lo importante, en la Argentina, desde hace muchos años es el precio del tomate (que culpa tiene) y el punto exacto del vacío. Discusiones existenciales, vale decir.
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