La respuesta esta soplando en el
viento...
Bob Dylan
Mexico, DF 2020
El plan está completo, le dijo Tiffany
a Melinda. Pero nos hace falta un broker. ¿Conoces alguno?
Melinda sonrió. Su relación con
Tiffany era (todos lo sabían) muy mala. Y sin embargo admiraba a esa
mecánica ruda y testaruda, que quería a Oberon más que a sus
propios hijos.
Por supuesto, le respondió. Pero
ninguno querrá ayudarnos.
Sin un broker, esto será imposible.
En ese restaurant se servían
chilaquiles y ensaladas. Lisbeth estaba comiendo un taco con chiles
guajillos y pollo y bebiendo una cerveza. A Melinda la enternecía
que su hija se estuviera convirtiendo en una mujer tan bella. Incluso
más bella que ella cuando tenía su edad. Ella no quería
involucrarse demasiado en el plan que estaban armando, porque tenía
miedo de que fuera algo peligroso.
Tiffany bebió un trago de cerveza.
Sin un broker no podemos hacer nada.
Se quedaron las tres un rato mirando el
mantel a cuadros rojos y blancos.
Creo que conozco a alguien, dijo
Lisbeth.
¿Quién? Le preguntó Melinda.
La tía de Diana Krauser. Ya sabes, esa
chica treinteañera que fue a mi cumpleaños y me regaló el libro de
Julia Child.
Si, ya recuerdo.
La escuché el otro día hablarle a su
hermana mayor. Tiene solo treinta años y está cansada. Su trabajo
no es malo, para nada, gana mucho dinero, tiene amigas, un
departamento en Queens y novios. Y sin embargo... Le dijo a la
hermana que en realidad solo era realmente feliz cuando volvía a su
departamento y escuchaba la discografía completa de Bob Dylan.
¿Y? le preguntó Tiffany. No entiendo
porque una broker gentrificada nos ayudaría.
¿Que podemos darle realmente a alguien
en este plan extraño? Preguntó Lisbeth.
Tiempo, dijo Melinda.
Bueno, dijo Lisbeth, le ofreceremos a
Rose Mc Laren la posibilidad de escuchar a Bob Dylan para siempre.
Tiffany sonrió.
Espero que puedas convencerla, Lisbeth.
Oh, dijo Lisbeth, mañana viajaré a
New York. Llevaré chocolates y le diré que los tiempos están
cambiando.
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