mis pasos/en esta calle/ resuenan /en otra calle/ donde/ oigo mis pasos/ pasar por esta calle/ donde/ solo es real la niebla
Octavio Paz
El Turco, confines del Bosque de Turdum
Nunca se ve nada a esta hora de la mañana, pensó el Turco.
Rose le había dado las coordenadas exactas, pero era imposible.
Igual tenía que esperar allí.
Mejor pienso en una cumbia mientras espero, sino esto va a ser largo.
Pensó en Gilda, santa patrona de las rutas argentinas, como el Gauchito Gil. No me arrepiento de este amor, tarareo en su cabeza.
Oh, here it is, dijo una voz.
Paulina, pensó.
Y Rodrick.
Los custodios.
¿Cómo llegaron hasta aquí?
Por las dudas, apuntó con el Colt.
¿De que color era el caballo de San Martin? preguntó en voz alta.
Probablemente no haya sido un caballo, contestó la voz de Rodrick.
Debe haber sido una mula de color parda.
Bueno, en todo caso debo acompañarlos hasta donde vive Rose l Ansal.
Tengo esta gusaraña cimarrona para llevarlos.
Tiene algo de gato, observó Pauline.
Si, y algo de serpiente, dijo el Turco.
¿No es inútil querer comparar planetas?
El nuestro ya está extinto. Lo que fuí allá, el peligroso ladrón, ya no existe. Ustedes tampoco son los que eran.
Hemos perdido todo en este viaje.
Y sonrió sin tristeza.
Al menos, aún no la música.
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