jueves, 23 de agosto de 2018

Rosario (ciudad)

 Ni épica portuaria, ni memoria metalúrgica, ni el pasado glorioso y prostibulario de Pichincha, ni los barrios que dan al río. Ni Saer ni Baglietto ni Abonizio. Ni las heladerías en las que entro sin dudarlo. Ni la peatonal Córdoba, ni siquiera mi barrio, donde he vivido toda la vida (and quite happy, by the way), Lo mejor que tiene Rosario es que no hay mucho que hacer y todo el mundo se conoce, así que cuando alguno viene con ínfulas de algo, después de que se va uno dice, pero si a este yo lo vi el otro día comiéndose una medialuna en El Cairo. Un gusto, che. Pueblo chico, dicen, infierno grande. Y ese tiempo de sobra que uno tiene se aprovecha para leer libros, que no muerden, usar alpargatas, que son cómodas, ir al laburito, volver a casa, cocinar y al otro día despertar a tu hijo, que obviamente no se despierta porque se pasó toda la noche practicando para ganar un torneo. Que se le va a hacer, es todo muy kantiano.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario