Hay tres lugares de Buenos Aires que me parecen hermosos: el primero es Retiro. Cuando llego a la estación y veo las casas pintadas de colores, la gente comprando y comiendo en los puestos callejeros, la hermosa estación de trenes me siento como una chica pueblerina que llega a New York. Ese es mi primer enamoramiento.
El segundo lugar es el camino entre los bosques de Palermo, sobre la Avenida Libertador, donde está el Museo de Arte Decorativo y el Jardín Japonés. No hay nada así en Rosario, aunque el Parque Independencia se le parece bastante. Pero esa zona recoleta es definitivamente elegante, y casi parisina (yo, que nunca he estado en París).
El tercer lugar es Belgrano, exactamente donde cruzan Cabildo y Juramento, subte D. No sé si es Bajo o Alto, porque me oriento gracias a la guía Peuser y no da esas indicaciones. El recorrido desde el mercado de Juramento (donde probé varénikes originales, oui, oui) hasta el Barrio Chino, donde se compran chucherías divinas a dos pesos es el mejor viaje del mundo. No viviría en Buenos Aires, pero no está nada mal visitarla de vez en cuando.
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