sábado, 25 de agosto de 2018
No comer
Hubo una época en mi vida, básicamente a mis dieciocho años, en que no pude comer. Era espantoso. Cada pedazo de pan y de queso era una especie de triunfo sobre mí misma: nunca me sentí más triste en mi vida. Incluso mi mamá, que hoy en día me reta cuando me ve comiendo media docena de facturas, me dijo: hija, estás muy flaca. Después me aburrí de no comer y después tuve un hijo y fue la excusa perfecta para ir a Mc Donalds, comprarle la cajita feliz y comerme las papas fritas con Ketchup. El todavía me lo recuerda. Pero cada vez que quiero recordarle que estuve nueve horas de trabajo de parto, le digo, hijo, tu madre tiene hambre, por favor cocíname algo. Y él lo hace, pobre santo.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario