La relación entre España y Argentina es compleja, como todo lo que venga de Europa. El lugar común más estúpido de la argentinidad es decir que nosotros (Los Hargentinos) descendemos de los barcos. Es como decir que descendemos de la diosa Afrodita o de Kalki. La verdad es que mientras en Mexico y en Perú había oro, plata, e imperios, acá no había nada o casi nada. Literalmente. Solamente aborígenes y paisaje. Nadie se iba a hacer rico de la noche a la mañana por llegar aquí ent los pocos que llegaron la pasaron mal y les costó muchísimo construir un mínimo de civilización. Aún en la Patagonia, en el Noroeste, hay zonas que son inhóspitas: los inviernos son crudos, los veranos son tórridos, hay poco acceso a servicos básicos.
Nos independizamos de España en 1816. España no insistió mucho en que no nos independizaramos: en realidad, la mayor parte de los patriotas de la independencia eran españoles o mestizos de españoles. Pero los españoles siguieron llegando, como después los italianos, los ingleses, los árabes, los judíos. Argentina tiene muchos defectos, pero tiene una de las Constituciones más generosas en materias de inmigración extranjera. Es evidente que hubo tres países que fueron el fuerte de la inmigración argentina hasta bien entrado el siglo XX: España, Italia y Rusia. Fueron los tres que dejaron una impronta definitiva en nuestra cultura, que hace que tengamos varios de los mejores escritores, cineastas, músicos, científicos, plásticos del arte moderno.
Por eso me gusta Carlos Saura. Ví Cria Cuervos cuando era pequeña y es una de las películas más tristes del mundo. Y también ví, más de grande, la muy hermosa Ay Carmela, protagonizada por Carmen Maura. Cuando uno ve esas películas, que resignifican el sentido del cine histórico, uno puede oír en una Madrid asediada por los bombarderos nazis y los tanques fascistas: No pasarán.
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