sábado, 25 de junio de 2016
Rusia
Siempre me encantó la frase: el espíritu sopla donde quiere. La única cosa que le envidio a otro país es el espíritu ruso. Rusia es Rusia: Napoleón o Hitler pueden invadirla, pero solo llegan hasta Moscú o hasta Stalingrado. Los rusos arrasan con sus campos, queman las cosechas, y se retiran hasta el corazón de la Siberia, a ver si algún ejército se anima a seguirlos. Me parece que tiene algo que ver con el frío: para un pueblo que soporta cincuenta grados bajo cero en invierno, el ejército napoleónico o las tropas nazis son casi anécdotas. Yo creo que Lenin y Trotsky se deben haber sorprendido cuando tomaron el Palacio de Invierno, de que la revolución tan soñada la terminara realizando un pueblo de cosacos y campesinos, apenas industrializado y no los trabajadores norteamericanos e ingleses, tanto más organizados y políticos (porque a Estados Unidos se le pueden criticar muchas cosas, excepto su capacidad política, su manera magistral de entender la democracia como un bien común). Creo que no solo subestimaron al pueblo ruso, sino al Zar y a su ejército asesino. Siempre me impresionó la anécdota de Rasputín,el monje negro del zarismo que predijo que si a alguien lo mataba a alguien del pueblo la revolución nunca ocurriría, pero que si la nobleza lo mataba sí. Fue un guante arrojado a la cara de la nobleza; dos o tres príncipes recogieron el guante y lo mataron- con gran esfuerzo, lo cuál prueba que el ser humano es un bicho difícil de exterminar. El pueblo ruso venía soportando pogroms, exterminios, masacres desde mucho antes de que los padres de Lenin, Trotsky y el resto de la vanguardia bolchevique naciera. Digamoslo así, en Shakespeare: el pueblo ruso quería su libra de carne, con toda la sangre correspondiente. La capacidad de bondad humana tiene un límite: la capacidad para el mal no, es un pozo que constantemente se hunde y se hunde. Para memoria de eso, en el siglo XXI tenemos Auschwitz, la ESMA, el Palacio de la Moneda como monumentos a lo que puede llegar a ser el ser humano cuya mayor misión es asesinar al otro, al diferente. Para que no piensen que este concepto es genial, debo decir que es un concepto de Chesterton que quizás no fuera un gran escritor, pero era mucho más inteligente que muchos grandes escritores.
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