domingo, 19 de junio de 2016

Hoy

Hoy mi hermano llegó con la remera sucia de sangre a casa. Tiene diez años más que yo y mucho no me gusta; a veces me espía cuando me baño, se cree que no me doy cuenta, pero me espía a través de la rendija de la puerta. Yo no me animo a salir de la ducha. Espero a que él se vaya y salgo despacito. Cuando sé que el se fue del todo recién me animo a salir. No me animo a contárselo a mamá.
Ayer lo oí que decía con los amigos que la tenían servida en bandeja. Yo me pregunté a quién tenían servida en bandeja. Pensé en una torta, en un bizcochuelo, como los que mamá compra siempre. Nadie va a hacer nada, decían sus amigos, total es una negrita. Ya sabemos quien pisa fuerte en este pueblo.
Mi mamá está orgullosa de nosotros dos, del nene y de la nena. El nene ya trabaja, dice, aunque yo la verdad a mi hermano no lo veo trabajar mucho. Si trabajara de verdad no tendría tanto tiempo para espiarme cuando me baño. Yo siempre corro la cortina.
Pero estaba hablando de la sangre. Mi hermano llegó con la remera sucia de sangre a mi casa y mi mamá la encontró. Al principio no hizo nada, pero a las pocas horas hubo como una conmoción en mi casa, y mami y papi activaron los teléfonos y empezaron a hablar con la gente importante que ellos conocen.
Mi hermano no sale de la pieza. Bah, si, sale. Sale cuando oye que me estoy bañando y se queda parado al lado de la puerta. Oigo su respiración. Tengo un poco de miedo. Desde lo de la remera, mamá y papá no están nunca en casa.

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