nos tenemos que ir
porque en la ciudad si lo pensas bien
no nos ata nada
ni tu laburo en el peaje encerrada
ni mi viejita que esta enterrada
La Chicana
Bajo Belgrano. Ale Asad, El Turco. 2017.
Todo listo para el golpe de mañana, pensó el Turco. Había salido de la carcel hacía solo seis meses, pero el golpe lo venía planificando desde hacía cuatro años. Había muchas posibilidades de que todo saliera bien, pero si fallaba esta vez la cana lo iba a matar. Que se le iba a hacer.
Los otros siete se habían ido de putas a Berazategui, pero el estaba cansado. Le dolían los ojos y los pies y estaba demasiado tenso. Además sabía (despues de años de choreo) que lo mejor antes de robar un rapipago era estar bien descansado: nada de merca, nada de minas, nada de alcohol.
Entonces sonó el teléfono.
Casi no lo atendió por cábala. Después pensó, si era la cana, perdido por perdido.
Por lo menos tenía balas.
"Turco" dijo una voz saliendo de muchos años atrás. "Turco ¿sos vos?"
"La puta madre" pensó "el Chueco". Se había ido a Norteamérica hacía como diez años atrás, se había rescatado. Trabajaba en el Bronx, en un taller mecánico.
"Qué hacés, Chueco" le contestó .
"Turco, te tenés que venir para acá"
"Chueco, dejá de romper las bolas. Vos sabés que Yanquilandia no me gusta".
"No es eso. Nos tenés que ayudar. Estamos planeando robar un banco".
"¿De vuelta en la misma? Creía que no estabas más en la nuestra"
"No, esto es distinto. Es..." dijo el Chueco. "Si te lo explico por teléfono me vas a putear. O vas a pensar que estoy merqueando. Veníte para acá. Mañana te mando el pasaje".
Se quedó callado.
Irse a Norteamérica.
Su sueño de pibe, conocer Disneylandia.
"Ta bien, Chueco. No hace falta que me mandes el pasaje, yo me arreglo. Ademas por Ezeiza no puedo salir. Voy a tener que ir hasta la Triple Frontera".
"Gracias, Turquito. Vos sabés que en otras circunstancias no te llamaría, pero me parece que estos de acá van a hacer un plan de mierda y los van a encanar a todos. No los conocés, pero están bastante chapa. Vos me parece que podés ser la mente maestra. Chau, hermano. Te espero".
Colgó el teléfono. Tenía dos mil pesos, tres sobres de cocaína, dos mudas de ropa. Puso todo en un bolso negro. Pensó en sus amigos que se habían ido de putas y ahora cuando volvieran no lo encontrarían.
"Pobres pibes" pensó.
"¿Cuanto saldrá un pasaje en omnibus hasta Posadas?" pensó después. "Me voy a tener que comprar una Coca Cola y un sandwich en Retiro, para no morirme de hambre".
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