lunes, 27 de junio de 2016
Luis Landriscina
Es un maestro del arte de narrar y además me cae muy simpático porque su cara es parecida a la de mi abuela Telma (perdón, abuela). Pero empecé a admirar mucho a Luis Landriscina una noche en la cual presentó la película Quebracho, que hablaba sobre La Forestal y la relacionaba con la destrucción de los bosques de su tierra natal, del Chaco. Recuerdo que mi padre dijo que lo importante era la lucha de los obreros y yo le discutí que la destrucción de un bosque riquísimo en su biodiversidad es la otra cara de la moneda de la lucha obrera. Más de treinta años después el tiempo me da la razón: con tal de ganar dinero, al capitalismo no le importan envenenar ríos, talar árboles, exterminar especies, aunque en el cortísimo plazo se paga con cáncer, enfermedades que creíamos desterradas, inundaciones, desastres ambientales que encima tenemos la pereza mental de discutir en grandes congresos, como si no supiéramos quién los está causando. El día que, como dice Drexler, busquemos el penúltimo atún en el oceáno nos sentaremos en el suelo y llegaremos a la conclusión de que hemos fracasado como especie; ya es tarde, hemos fracaso como especie. Espero que nuestros hijos sean mejores que nosotros.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario