miércoles, 22 de junio de 2016

Quino

Desde hace años hay una potencia en la historieta nacional que cualquier país envidiaría: basta ir a cualquier convención de historietas, donde desde chicos y chicas de quince años hasta hombres pelilargos de mediana edad dibujan y muestran sus dibujos (mujeres de mediana edad historietistas no hay tantas, salvo  Maitena y Patricia Breccia). Pero Quino es palabra mayor; desde que el primer cuadrito de Mafalda apareció, es el Aleph del humor nacional. Lo maravilloso de Mafalda no es su mensaje contestatario, sino la manera que tiene de atrapar el mundo de la infancia en cuatro o cinco cuadros. ¿Quién no tuvo un amigo como Felipe o como Manolito, una amiga a la Susanita, un padre que se pasa cinco horas hablando de sus anécdotas de la colimba, una madre que rezonga cuando vuelve del supermercado? ¿Quién no se sentó en el umbral de su casa a ver la gente que pasa? ¿Que chico no organiza grandes planes para jugar a indios y cowboys o ahora quizás a Iron Man versus Thor? ¿Que chico no piensa como Miguelito; de que te sirve ser niño, si no te dejan ejercer? Después Quino se dedicó a hacer grandes historietas para contratapas de revistas, donde demostró que no dependía de un personaje para hacer humor y además un constante crecimiento en la capacidad como dibujante, en el amor al detalle, en la delicadeza para hacer reir.

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