. La planificación. Parece fácil, pero para mi planificar es
algo así como hablar sánscrito o ruso. Mañana ¿comere arroz o pollo? ¿O
pescado? A media mañana me doy cuenta de que no tengo nada en la heladera.
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El sabor. A pesar de la propaganda el yogurth
Ser no tiene gusto a nada y la milanesa de soja tampoco.
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La horrible sensación a media mañana de que si
tengo que comer media manzana me voy a convertir en asesina serial.
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Lo fácil que es comprarse bombones Marroc.
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El precio. Todo lo que tiene envase verde sale
un veinte por ciento más y faltan veinte días para cobrar el sueldo.
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Ultimo de todo, pero no menos importante: cada
vez que empiezo una dieta, mi hijo me dice: mamá, antes eras chévere.
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