jueves, 31 de enero de 2019

Sobredosis de hombres

Siempre envidié a mi mejor amiga porque tenía cuatro hermanas mujeres. Yo tenía un hermano hombre. Mi hermano desde pequeñito se sabía completa la formación de Boca y no solo la sabía: la recitaba. Todos mis tíos de parte de padre y de parte de madre son hombres. También: futbol, boxeo, asado. Futbol, boxeo, asado. Futbol, boxeo, asado. Política también a veces, pero la política por lo menos me interesaba. Pero era un poco de política y más futbol, boxeo y asado que otra cosa. Cuando quedé embarazada, tuve grandes esperanzas de tener una hija mujer. No tuve suerte. Salió varón. No sé porqué, y me sentí muy mal durante toda su infancia por esto, pero no le gustaban las Barbies; le gustaban los Max Steel. Es un juguete bélico, quería decirle, y además es un estereotipo sobre la figura masculina: no todos los hombres tienen esos abdominales. Y los tacos altos no le entran. Mi hijo no entendió el concepto: no sé si fué lo de los tacos altos, los abdominales o lo del estereotipo, pero el quería Max Steel y Hot Wheel (lo más triste para mí: no sé manejar). Me terminé resignando a mi suerte y le compré un Max Steel y varios Hot Wheel. Quería que fuera diseñador de modas o director de teatro: mi hijo compra ropa de segunda mano y no le gusta el teatro. O sea, como madre fui un trabajo. Cuando mi hijo tenía diecisés años descubrí que sabía bastante japonés y al año siguiente empezé a estudiar japonés. Para que por lo menos tengamos algo en común.

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