lunes, 14 de enero de 2019
Asesoramiento económico paterno.
Siempre he creído que existen dos tipos de padre/madre: los que te dicen gastate todo el sueldo que la vida es corta y los que te dicen: ¿como vas a gastar quinientos pesos en una remera? En La Salada las venden por kilo. Mis padres, afortunadamente o no, pertenecen a la segunda categoría. Mi padre es un hombre muy, muy ahorrativo. Para equilibrar las cosas mi mamá es más ahorrativa aún. El problema de los padres ahorrativos es que no solo son ahorrativos con su dinero, sino en general. Hasta para sus propios regalos. La primera pregunta que siempre recibí de mi madre desde que le compré el primer regalo del día de la madre es: ¿cuánto te costó? Si le digo cien pesos, se queda conforme. Sé que si le digo una cifra mayor, mi madre va a pronosticar el pronto desequilibrio de la economía doméstica (de mi economía doméstica) ante mi capacidad de derroche. Así que por las dudas aprendí a pilotearla: si le compro un par de aros, son siempre de oferta tres por uno en un Todo Moda; si le compro una remera, es de saldo. Si es mentira o verdad, chi lo sá; pero mi madre se queda contentísima, porque su hija aprendió de ella las virtudes domésticas del ahorro, que en época de vacas gordas son mal vistas, pero que en época de vacas flaquísimas como estas te hacen apreciar los 2 x 1 de la calle San Luis.
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