jueves, 24 de enero de 2019
La real realidad
A una chica de doce años la viola un hombre de sesenta y amenaza con matarla si cuenta algo. La chica no le cuenta a nadie. La chica de doce años queda embarazada, pero no se da cuenta, ni ella, ni su familia, ni los médicos, hasta que no está en un embarazo de cinco meses. Cuando se enteran, la noticia trasciende a los medios -no se sabe como, porque siempre este tipo de casos termina trascendiendo en los medios, pero así es- y enfrente del hospital hay marchas provida y marchas apoyando el aborto. Primero de todo, lo que pienso es que en este caso el aborto es completamente legal y es una barbaridad obligar a una nena de doce años a parir aduciendo grandes cuestiones éticas (ética que dicho sea de paso no tuvo ni el hombre que la violó, ni la persona que hizo que este caso trascendiera a los medios masivos, ni los medios masivos que, en muchos casos, dejaron que se planteara un caso tan grave como si fuera un River-Boca o una pelea en Los Angeles de la Mañana). Los médicos decidieron practicarle una césarea; no entiendo demasiado de medicina, por lo cual pienso que si los médicos obstetras, que estudiaron medicina y se especializaron en ese campo, decidieron practicarle una césarea, supongo que habrá sido porque era lo menos riesgoso para la menor. La criatura que nació vivió pocos días, y en esos pocos días que vivió fue, junto con la chica de doce años, objeto de debate público. No se puede hacer eso. Una de las preguntas más estúpidas sobre el aborto que se le hace a un adulto es: ¿vos que harías? Cada uno puede tener formada su opinión acerca del aborto, pero en realidad en este caso si me la hicieran a mí, sería totalmente irrelevante, porque: a) no tengo doce años, b) no me violaron, c) no quedé embarazada producto de esa violación, y d) no detectaron ese embarazo recién a los cinco meses de gestación. El punto es que yo no soy esa nena de doce años; y lo más peligroso de todo, y lo veo en las redes sociales y en los medios constantemente, es que los adultos no somos adultos. Nos portamos como criaturas caprichosas para defender nuestro punto de vista. Una chica de doce años violada y embarazada no tendría que ser tema de debate nacional; no podemos alzar la voz y decir, porque yo estoy a favor de la vida, esa chica no tendría que abortar, que espere hasta los nueve meses y lo tenga y después lo de en adopción. Estamos sustrayendo algo bastante importante en esta visión: la chica de doce años es la víctima. Es menor de edad. Y es un ser humano, que bastante tuvo con todo lo que le pasó para que encima su vida y su cuerpo sean tema de discusión en programas televisivos y en redes sociales.
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