lunes, 14 de enero de 2019

La amiga gamba

Todas las mujeres necesitamos en nuestras vidas (y principalmente en nuestra adolescencia) una amiga gamba, esa que cuando vos le decís "Quiero ir a ver a los Redondos" o "Quiero ir a ver la nueva de Brad Pitt" te dice, bárbaro, voy. Cómo desde pequeña supe que la amistad femenina es algo más bien complicado, me decidí por ser la amiga gamba. Lo cual soluciona todos tus problemas de salidas: el único problema es cuando tus amigas te piden que seas gamba con el chico que le gusta. Hay mujeres que tienen la virtud de que todos los hombres les caen bien; no me encuentro entre ellas. Cada vez que alguna de mis amigas me presentaba un novio yo tenía que reprimir las ganas de decirle: ¿de este aparato te enamoraste? Pero para mis adentros pensaba, todo sea por la amistad, todo sea por la amistad. Encontré siempre muy raras a esas mujeres que lo primero que hacen cuando una amiga se ponen de novia se enamoran del novio de su amiga; yo lo primero que hice siempre es encontrarles todos los defectos y, para ser sincera, les encontré muchísimos. De todas maneras, tuve el cuidado de nunca decirlo en voz alta; cuando alguna amiga me preguntaba la opinión acerca de su enamorado más reciente yo asentía y decía: parece un buen muchacho. Creo que se baña todos los días. Creo. Algo es algo. Debo decir, para que no quieran tomarme como ejemplo a imitar, que mi falta de entusiasmo ante cada novio nuevo de mis amigas nunca fue tomado como algo positivo, sino como una muestra irrefutable de que soy una persona con nada de romanticismo y que odia los boleros. Debo decir que esto último no es cierto; amo los boleros, solo que no creo en lo que dicen sus letras. Me doy el lujo de escepticismo ante el amor para toda la vida, porque la verdad, la vida es bastante larga y los hombres en general no son una maravilla, pero por suerte muchas veces las mujeres tampoco: así las cosas.

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