lunes, 21 de enero de 2019

El problema de envejecer.

El principal problema de envejecer es que nuestros hijos también envejecen y uno termina repitiendo las frases de nuestros padres. En mi juventud cantábamos alegres la hermosa canción de Los auténticos decadentes, "La guitarra" y nos identificábamos totalmente con el protagonista, que no quería estudiar ni casarse ni laburar, sino tocar la guitarra todo el día y el padre nos parecía muy mala persona, diciendole a su hijo que tenía que trabajar o estudiar. Pobre chico, pensábamos, que mal padre que tiene, es un castrador. Pero el tiempo pasa inevitablemente y uno, una o une se termina identificando con el personaje de Guillermo Nino, mirando al párvulo de dieciocho, diecinueve o veinte años y preguntándose: ¿y? ¿Para cuándo, hijo mío, hija mío, hije mío, la famosa independencia? ¿Para cuando las ansias de volar libre como un pájaro, no sé, de ir a la facultad o a un terciario, de conseguir un trabajo en relación de dependencia, de  irte a vivir con una novia, de dejar la casa natal? Parece que no hay muchas, principalmente porque no hay muchos megas ni wasapp en la independencia, la independencia no lava la ropa ni la tiende ni la guarda, a la independencia no se le puede preguntar que  hay de comer, y la independencia hace que cuando salgas los fines de semana tenés que pagarte vos la salida. Una espera con un poco de ilusión el momento en que el hijo deje la casa, sobre todo para que después componga una canción onda Serrat o Carabajal sobre lo maravillosa que fue la madre (la nostalgia corrige todas las memorias), pero no; ellos permanecen en casita, felices, pies sobre el escritorio, jugando a la computadora y abriendo la heladera a cualquier hora. La independencia es no contestar los mensajes de los padres por wasapp ahora, parece; un poco triste, pero cierto.

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