domingo, 27 de enero de 2019

Del aburrimiento estético como arte decorativo

Nada me aburre más que ver la mayoría de las revistas de decoración argentinas y muchas de las de moda; son pocas las que se atreven. La decoración argentina es, desde hace años, intensamente chata: beige, gris, vidrio, metal, madera, marrón oscuro, negro y algo de rojo por allí. La moda casi lo mismo. Cuando abro una revista de decoración española o italiana me asombra que en espacios mínimos, definitivamente más chicos que mi patio delantero y mi comedor juntos, haya tanto color y tanta vida; los argentinos tomamos como hecho inamovible que para que una casa esté bien decorada tiene que parecer una especie de tumba en colores claros. La mejor casa para mí es en la que uno se siente cómodo; lo mismo pasa con la ropa. Le tengo mucho respeto a los diseñadores de moda, y a los vestuaristas, y a las modistas; sé que nada es tan difícil como coser, y que la tafeta y la gasa son telas hermosas, pero casi imposibles para cualquiera que no sea un genio con el hilo y la aguja. Prefiero mil veces a la gente que decora todo su living con recuerdos de Mar del Plata y de Villa Calamuchita, o que gasta parte de su dinero en animalitos de cristal; al menos sienten pasión por los viajes o por los animalitos de cristal, y se animan a defenderlo. Al menos alguien con un poco de personalidad decora esa casa, al menos alguien vive en esa casa; en las revistas de decoración o en las revistas de moda, parece que lo menos importante fueran las personas que viven en la casa, o la que lleva la ropa.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario