La madre de Samuel, por supuesto, se opuso a la mudanza, anunciando mil calamidades y el padre de Hannahestuvo de acuerdo, diciendo que la ciudad era un buen lugar para una pareja joven y con ansias de progresar y para un muchacho tan inteligente como Samuel y para una chica tan emprendedora como su hija, sin contar las escuelas y los hospitales para la pequeña Judith. No les llevó mucho tiempo armar todos sus bártulos y subirlos al tren. Vivirían al principio en una casa de pensión, por supuesto con una dueña judía ortodoxa amiga de la madre de Samuel.
El viaje no era largo, pero era la primera vez que estaban completamente solos.
- Cuéntame de tu primo- le dijo Samuel a su esposa.
Ella suspiró.
- Quería ser escritor. Era un muchacho muy hermoso. Más bien bajo, pero tenía muy lindos ojos. Me escribía poemas todas las tardes y me los dejaba en el hueco de un árbol.
- ¿Alguna vez se besaron?
- Muchas veces.
- ¿Por qué se pelearon?
- ¿Quién te dijo que nos peleamos? Fue solo... Un día, a la tarde, mientras él me abrazaba, me di cuenta de que tendría que ser su esposa. Ya nos habíamos acostado, dos veces.
- ¿No eras virgen cuando te casaste conmigo?
- No te diste cuenta. No tiene por qué importarte. Esa tarde me di cuenta de que mi vida sería él, el entrando y saliendo, él padre de mis hijos, él comiendo guefilte fish, él acariciándome la cintura. Y entonces, no sé por qué, dejé de quererlo.
- No entiendo. Después te casaste conmigo.
- Es mejor casarse sin amor. A veces. Somos como hermanos.
- Como hermanos que se acuestan- respondió Samuel, algo furioso.- Como hermanos que tienen una hija. Como hermanos que viven juntos.
- Si quieres puedes abandonarme. No voy a perseguirte- dijo Hannah.
- ¿Y la niña?
- Es tu hija, si la quieres como yo la quiero. Aunque aún no ha ocurrido. Eres un poco cobarde, Samuel y eso está bien porque yo soy un poco cobarde. Tú te refugias en el ajedrez y en los libros, yo en mi hija y en mis folletines. Quizás logremos ser felices en la ciudad.
- ¿No quieres enamorarte de mí?
- Hay que ver si existe el amor- fue la respuesta de Hannah- Quizás sea solo un rumor. ¿Alguna vez te has enamorado?
- Creo que no- dijo Samuel.
- Te casaste conmigo porque conmigo no te ocurriría nada.- dijo Hannah- Y nada te ocurrirá. Quizás te enamores en la ciudad. Hay muchas mujeres hermosas allí. Mantén al menos esa esperanza.
- ¿Y si tú te enamoraras de vuelta?- preguntó él, algo desalentado.
- Quédate tranquilo. Nunca lo sabrás- dijo ella.- Soy una buena mujer judía, aunque solo tengo veintidós años y una hija. Puedes dedicarte a vivir, Samuel, yo te cocinaré guefilte fish y pariré a los hijos que engendres.
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