miércoles, 30 de abril de 2014

La vida de Agustín Tosco. 12º parte

                                                                                                    1935

Papá escucha tangos en la radio y mi mamá prepara la leche. La hierve, le saca la nata. Después corta el pan y lo unta de manteca. ¿Cómo anda la cosa, patrona? le dice un vecino a mi mamá. Aca andamos, tirando, contesta ella. Yo me siento en la silla más nueva y entonces mamá me dice que dentro de poco tendré que empezar primero inferior, que empezaré a ser un hombrecito. Yo quiero trabajar, le digo. Yo quiero trabajar como papá, le digo. Y mi mamá se ríe y me dice que no, que tengo que estudiar y comer pescado que es bueno para el cerebro. Y me acaricia la cabeza. De eso me acuerdo. El mundo afuera de mi casa huele a sebo y a pasto y es inmenso. A veces mi mamá me lleva con ella a las tiendas y en las vidrieras veo pelotas de cuero y Mecanos inmensos, y aunque me dan ganas de llorar para que mamá me los compre, le pido en vez alguna revista de esas de historietas, que mi mamá lee porque yo no sé leer, aunque finjo que sí y me las aprendo de memoria y luego las recito. "Es un cráneo el Agustincito", dice la rubia de al lado. "Este te va a salir bueno". Yo quiero ser pirata o indio , no quiero estudiar, no quiero ir a la escuela ni usar guardapolvo blanco ni leer libros que casi no tienen dibujos. El hijo de la rubia de al lado ya va a la escuela y se cree la gran cosa, siempre peinado de gomina y con la ropa impecable. Ya va a ver cuando lo agarre. 


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