Uy, Andrés,
que hacemos con esta gente.
No se puede vivir del amor.
Es increíble que un mismo hombre pueda ser amigo de Miguel Abuelo y de Luca Prodan y de Rodrigo Fresán, y ser enemigo mortal de Charly. Pero ese hombre es el Salmón. Andrés Calamaro es el único poeta vulgar de la Argentina; nos descoloca con canciones como la que cito. ¿Por qué cantamos canciones de amor, si suenan mal y nunca tienen razón? Es imposible no cantar una canción de Calamaro, aún la mas tonta, la más impredecible. Es prolifíco como un océano y lleno de oscuras transparencias (valga el oxímoron, por esta vez) que hacen cualquier disco del Salmón tan interesante como navegar en aguas desconocidas y ver que se aproxima una tormenta. La lengua popular, la lengua de la calle, las tres marías en ritmo de cumbia; cuando una escucha a Andrés tiene inevitablemente ganas de bailar y de tararear y de que la música no deje de sonar nunca.
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