Diario de Germán.
Todo volvió a la normalidad. O casi. Mis empleadas me pidieron un aumento del 50% por ciento y vacaciones de veinte días semestrales. Mis amigos del PRO todavía me miran de reojo. Gretel sigue en estado "es complicado" en cuanto a Facebook, pero no sé si eso es bueno o es malo. Alberto sigue insistiendo en que tan mal no me fue o que en todo caso a él le fue mucho peor; el humor le mejoró un poco porque Juancito volvió de sus vacaciones y a pesar de un bronceado rarísimo (parece que la madre se equivocó y en vez de pantalla le puso aceite de almendra) y de hablar en un inglés de Teletubbie se la pasan viendo Bob Esponja y comiendo Cheetos. En mi departamento. Está hecho un asco.
Pero mamá y papá están conformes porque nuestro apellido se limpió o eso creen ellos. Lo que no entiendo mucho es por qué Amalia dijo que yo era el novio de ella. ¿Estará enamorada de mí? Salía con Javier, pero, tengo que decirlo, soy bastante más lindo que él. Por lo menos de perfil. Se lo dije a Javier y me miró de arriba a abajo; creo que iba a reputearme, pero se contuvo.
- Es una loca de mierda- me dijo.- No sé por qué me enganché con esa pelotuda. Por ahí te vio más lindo, que se yo, camisita Polo, perfume de marca. Que careta. Yo que pensé que podíamos llegar a algo.
- ¿Pero te explicó por qué?
- Me dijo algo de la madre...
- ¿La qué me pegó?
- Sí, otra loca. Tal para cual. Decíme, si tanto la jodía que yo fuera de La Cámpora, ¿por qué no me lo dijo? ¿No me podía ir de frente? No, inventa que vos sos el novio, y después para salirse de la mentira la embarra más con otra mentira. Y otra. No salgo más con chicas que no pertenezcan al sector nac and pop.
- ¿Cómo Aldana?
- Sí, que se yo, el otro día en un plenario se me acercó una chica de Berazategui. Lo único malo que tenía era que era pelirroja y pecosa, pero después me gustó mucho. No le quise dar el teléfono ni mi nombre por Amalia y después me entero de esto...
- Mirá- digo yo, para consolarlo. ¿Qué culpa tiene el pobre de que yo sea un galán?- Peor me fue a mí con Gretel, que me enteré que me metía los cuernos antes de casarme. Amalia no te metió los cuernos; no exactamente.
- Sale también con Nestor- me dice Julián.
- ¿Vos sabés lo de Nestor?- le preguntó yo, asombrado.
- Todos lo conocemos a Nestor. Su abuelo perteneció al primer grupo trotskista de Argentina; su padre conoció a Fidel y al Che Guevara; Nestor tiene una imprenta vieja con la que imprime volantes comerciales y libros de Rosa Luxemburgo y de Milcíades Peña. No sé que le vio Amalia, pero la verdad es que ella salía con él antes de salir conmigo y que cuando me conoció a mí siguió saliendo con él. Pero Nestor está en pareja, o no exactamente, porque la mujer de él pasa la mitad de la semana con el diagramador de la imprenta. Pero todos se tratan de compañero y compañera y no hay problemas de exclusividad.
- ¿Y no te enojaste por lo de Nestor, pero te enojás por lo mío? Lo de Nestor es más grave.
- No- dice Javier.- Vos no entendés, Nestor es casi un amigo de Amalia con el que a veces se acuesta. Pero yo creí que con el paso del tiempo se iba a cansar de eso e iba a decir, este chico, Javier, que viene de General Obligado, que a veces me regala libros de Zaffaroni, que se empeña en que le guste Ricky Martin aunque lo odie, puede llegar a ser que lleguemos a algo. Y me presentaba a su vieja o buscábamos un tres ambientes juntos. En vez de eso dice que vos sos el novio. ¿Entendés?
Lo pienso unos segundos. De repente suelto la pregunta que quiero hacerle:
- ¿No puede ser que Amalia esté enamorada de mí?
Javier vuelve a mirarme de arriba a abajo.
- ¿Por qué?- es cruel la pregunta.- ¿Por tu cara de nabo?
Juancito me tira los pantalones. Tiene los dedos llenos de grasa de Cheetos.
- Tío, tenés cara de nabo. Y te queda muy bien.
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