jueves, 3 de abril de 2014

Los muchachos del PRO no saben bailar cumbia

Diario de Germán

En vista de que mis empleadas no van a ayudarme, y Patricia y Amalia están enojadas con nosotros, solamente nos queda Karen. Lo cual es un poco una locura, pero no tanto porque Karen tiene unas cuantas amigas muy extrañas, que con tal de salir en las revistas hacen cualquier cosa.
- Yo voy a Los Cardales cada dos por tres- me dice Karen. - A mí me encanta. Sí, te voy a ayudar. Voy a llamar a Claudia, que está en eso del teatro independiente y a Martina, que es bailarina de tap. Las dos tienen vestidos caros y yo les presto los zapatos.
- ¿Y la Peco?- le preguntó yo.
- La Peco se queda en casa. A ella Los Cardales no le gusta y además odia los eventos.
- Bueno- pregunta Javier- y tus amigas ¿que onda? ¿Van a dejar que Germán se propase un poco con ellas?
- Sí, no creo que tengan problema.
- ¿Alguna es del PRO?
- A ninguna les interesa la política. Che, sos pesado, muchacho, tenés que ser de la Cámpora.
- ¿Y vos por qué sos del PRO?
- Cómo jodés. No sé, como Germán es del PRO yo soy del PRO.
Me pongo todo rojo y Karen se ríe.
- Bueno, no te pongas así. De política entendés más que yo.
- Bueno- digo yo, un poco orgulloso- no es para tanto.
- Bah, siempre me pareció que entendías más. Y después te hiciste del PRO.
- Yo en realidad me hice del PRO por Mariano.
- Uy, sí, Mariano. ¿En que anda?
- Se fué de viaje a Europa.
- ¿Sigue soltero?
- Creo que sí.
- ¿Y vos, porque te hiciste de La Cámpora?- le pregunta Karen a Javier.
- Porque mi tío abuelo fue viceministro de Hacienda del primer gobierno de Perón. Me hacia cantar en todas las reuniones familiares la marcha peronista. Y me regaló un libro de Discepolo.
- Que historia familiar.
- Bueno, pero mi viejo es apolitico. Y mi vieja odia a Cristina Kirchner.
- Bárbaro, una razón para pelearse con los padres. Lo mío fue peor, bichi. Le tuve que decir a mis viejos que me casaba con mi amiga de toda la vida.
- ¿Y como reaccionaron?
- Todavía lo están asimilando. Tengo un tío y dos primas que no me hablan más. Pero igual, mis primas siempre fueron unas estúpidas que cuando cumplí quince años me tiraron abajo la torta de quince. Así que no perdí mucho. Ahora que vamos a tener un bebé, no sé como reaccionaran.
- Bien- digo yo- entonces, Karen, ¿vos te encargás de todo?
- Sí, claro, no hay problema. Va a salir todo bárbaro. Lo que sí, comprate unos litros de vodka. Y por favor, no te pongas tu mejor ropa. El rouge no sale de las camisas de seda.



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