Diario de Amalia.
Le pedí a Patri y a Karen que me ayuden a buscar trabajo. No sé por donde empezar; podría ser, como sugiere Raúl, por pedirle perdón a mi vieja. Pero me parece que esta vez no va a aflojar. No es como la vez que le robé doscientos dólares para comprarme un Gucci. Ahora se creo un hashtag en Twitter que se dedica exclusivamente a burlarse de ella. No, esta no me la perdona.
Karen conoce a mucha gente. Lo que no quiere decir es que la gente que conoce Karen esté dispuesta a darme trabajo; básicamente para ellos soy la amiga cuerda de la loca de Patricia. Igual me ayudó a armar mi currículum, al que le puse una foto preciosa de tres años atras, y letras azules y una lista larga en la parte estudios para disimular que en el campo experiencia no tengo ninguna. Podría mentir y decir que tengo un montón de experiencia, pero lo difícil es decir en qué. ¿RRHH? ¿Secretaria ejecutiva? ¿Publicista? Me parece que me van a descubrir al toque.
Patri es un poco más realista y me dice que me busque un trabajito fácil, de esos temporarios, hasta que a mi vieja se le pase. A mi padre no le puedo pedir ayuda porque está en San Francisco hasta fin de año. Y además porque por suerte no se enteró de este quilombo.
Me compro todos los diarios, estudio todos los clasificados. Llamo a un par de lugares. Tomo mate. Miro Cosmopolitan y Telefé y el Trece y después Europa Europa. Llamo a otros lugares. Y entonces aparece la Peco.
- Me parece que te conseguí trabajo- me dice.- Hay un boliche nuevo a una cuadra de casa que necesita mozas.
- ¿Yo?- le pregunto- ¿Moza?
- Bueno, que se yo. ¿Querés trabajar en la cocina?
Nos reímos las dos.
- Puede ser, puede ser- le digo yo. Al final de cuentas, no me parece tan mal. No es tan difícil.
- No, mirá- dice la Peco- es una pavada. Es una de esas pastelerías boutique que tienen tres o cuatro tortas que salen mucho y una buena carta de tés. Tenés que usar un delantal largo y cortarte las uñas bien cortitas, eso sí. Yo voy todas las tardes. Me dijeron que necesitaban gente.
- ¿Quién te dijo?
- El dueño.
- ¿Lo conocés?
- Sí, más o menos bien. Es una persona muy agradable. Un señor mayor.
- Bueno, voy a proponerme.
Peco me mira. Hay algo que me quiere contar. A la Peco se le nota en la cara, la punta de la nariz se le ponde roja.
- Bueno, hay algo que te quiero contar. Resulta que el dueño le dió la gerencia al hijo, porque el hijo estaba un poco de vago y le traía muchos problemas...
- ¿Y qué tiene?- le digo yo- ¿Es muy jodido el hijo?
- No, no sé- dice la Peco.- El hijo es Julián.
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