Solo la esperanza tiene rodillas nítidas
Sangran
Juan Gelman
Omar. Calabozos del Rey.
Cuéntame de vuelta la historia, dijo Jorginho.
La de los dos reyes y los dos laberintos.
La gloria sea con aquel que no muere, dijo Omar.
Estaba terminando de traducir la Odisea. A veces algún guardiacárcel compasivo les alcanzaba pan, agua o potaje de invierno. Generalmente se olvidaban. Los Mil no morían.
Podríamos escaparnos, dijo Jorginho. Hace tres años que no me torturan y mis manos y las tuyas ya están casi curadas.
¿Para qué quieres escaparte? le preguntó Omar. ¿Para servir a Sarar?
Debo ir con Enrique. Lo lastimaron.
Eso ocurrió hace muchos años, fue la respuesta de Omar. Ya ha sido olvidado.
Yo no lo olvido.
El y Yemanja me salvaron de la policía y de la muerte, hace muchos años.
Entiendo, dijo Omar. Te entiendo. Pero no podemos hacer nada.
Odio este planeta, dijo Jorginho.
No es tan diferente de la Tierra. Y en la Tierra quizás hubieras muerto. Aquí eres inmortal.
Odio este planeta. Odio a Sarar, odio a la Dama Blanca, odio a los Ojos de Sarar, odio a Tiffanny, los odio a todos y a cada uno de los Mil, menos a tí y a Enrique.
Gracias, dijo Omar.
¿Quieres que te cuente la Odisea?
Yo seguiré cavando, dijo Jorginho.
Dicen que lejos de aquí hay un mar. Un delta y un mar. Dicen que Pauline y Rodrick han llegado hasta allí. Quizás llegue yo también.
Eres un perro, dijo de pronto Jorginho, que prefieres traducir libros de un planeta muerto a ver de nuevo las estrellas.
Mientras la Odisea siga existiendo algo existe del planeta muerto, fue la respuesta de Omar.
Ya le he contado la historia a los escribas del rey. Ya la están tomando como cierta y que ocurrió aquí. Dentro de poco buscarán restos de Troya.
Cuando aparezcan Ulises y Circe y Polifemo en sus cantos, este planeta será la tierra.
Y yo volveré a ser un ladrón, dijo Jorginho.
Y quizás exista de nuevo Bahía, Bahía de Todos los Santos.
Y quizás mi tío vuelva a nacer y Rita Lee y la mai de santo del culto de Oxalá.
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