viernes, 25 de abril de 2014

La vida de Agustín Tosco. 11º parte.

                                                                                              1952

Se está poniendo peliaguda la cosa, pensamos todos, se está poniendo muy densa. En la mayoría de los diarios y en las universidades, los periodistas, los catedráticos y los escritores hablan de dictadura y de demagogia y hablan de Mussolini y de Hitler. Incluso algunos de mis compañeros de trabajo hablan así, y entonces se para el Ruso y dice que dejen de joder con Hitler, que acá no hay campos de concentración ni nada y se arma una trifulca bárbara. Al Ruso y a su hermano le parten los dientes. Nosotros intentamos pararlos, pero no entendemos mucho. El Pelado Gonzalez, que estuvo en la Guerra Civil de voluntario, dice que vió estas discusiones al pedo doscientas mil veces y que se dejen de joder un poco. Después nos tomamos todos un vinito, hasta el Ruso y el hermano aunque las encías les arden. Tratamos de reírnos, pero es difícil. Evita se murió hace cosa de un mes y antes de morirse dio un discurso y todos creíamos que no se moría, aunque algunos estaban contentos. El otro día, en el tranway, sin ir más lejos, oí a una señora (bibliotecaria, me parece y solterona por los anteojos) decirle a una amiga: "Por fin se murió la yegua. Y sufriendo. Se ve que Dios existe". Seguramente la señora es católica y va a la iglesia todos los domingos y se confiesa y se cree muy cristiana, aún cuando dice palabras como esas. Después mi familia no quiere que sea un esceptico en materia de bondad humana.

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