viernes, 14 de junio de 2019
Las malas
Las malas de Camila Sosa Villada es una muy buena primera novela. La autora tiene estilo y manejo del lenguaje, cosa que se aprecia porque podría ser simplemente una novela autobiográfica más, donde la voz que narra anule todas las otras voces y esto (por suerte) no ocurre. En Las malas la protagonista es la autora, pero por suerte la narración no nos inunda de Camila Sosa Villada, ni es Camila Sosa Villada perfecta, ni es Camila Sosa Villada a la única que le ocurren cosas, error que vuelve a muchos ejercicios de literatura del yo insoportables de leer para cualquier lector, porque en un momento dado se descubre que se está ante un ser humano con una vida tan aburrida como las nuestras intentando convencernos de que su vida es la de Jack London. No. Jack London hubo uno solo y no era muy proclive a escribir novelas autobiográficas. Más bien lo contrario. No hay gran morbo en la novela Las malas, y la manera en la que se intercala el pasado -la infancia y la adolescencia de la autora- con momentos del pasado, pero más reciente, es muy sutil; la narración del pasado, de la historia propia, son de una lucidez sorprendentes. Es una crónica de su familia y del escape de la autora de su familia y de su casa y de su pueblo natal; para que no se crea que por ser mujer trans es demasiado distinta de las otras mujeres, hay muchas mujeres que podrían contar historias similares a la de ella. Sin embargo, y cuando viene el pero nunca viene nada bueno, hay una discordancia en la novela entre esa voz narrativa de la autora cuando cuenta su historia y cuando narra la historia de Encarnación y el resto de las travestis con las que se reúne de noche. Camila Sosa Villada cuando narra su historia, su familia, su pueblo, su vida en la facultad, su historia, es calma y realista; cuando describe a Encarnación y a su familia, es Gabriel García Marquez. La inserción de elementos de realismo mágico en Las Malas, la termina empobreciendo: uno no cree en los elementos sobrenaturales que aparecen en la novela, justamente, porque hasta que aparecen la novela era una novela realista excelente y es como sí, en el medio de La Guerra y La Paz, Tolstoi nos intercalara un batallón de soldados voladores. La historia de Las Malas, sin los elementos del realimo mágico, es muy buena y es suficiente y justifican la publicación de la novela. La leí en una tarde; es una novela fácil de leer, sin muchos de los ripios que a veces detienen en muchos autores de literatura contempóranea, no solo argentina. Probablemente en sus próximas novelas la autora pierda el miedo a escribir realismo y -si decide escribir cuentos o novelas con realismo mágico- recuerde el truco de García Marquez, que también usan Alejo Carpentier e Isabel Allende: si algo extraño va a ocurrir en un cuento o en una novela, que ocurra desde el principio, o que no ocurra nunca.
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