domingo, 23 de junio de 2019
Cuando no escribíamos para mujeres.
La narración empieza así: todos los escritores hombres son misóginos que, por miedo al talento de las mujeres, les han impedido escribir a las mujeres durante siglos, hasta ahora, que, gracias al feminismo, tenemos editoriales que solamente editan a mujeres y festivales de cine donde solo hay directoras mujeres. De un plumazo, las mujeres nos hemos cargado a Chordelo de Laclos, a Louise May Alcott, a Isak Dinesen, a Patricia Highsmith, a Juana de Ibarboru, a Harriet Brechet Stowe, a las hermanas Bronte, a Jane Austen, a Agatha Christie, a Silvina Ocampo, a Alejandra Pizarnik, a Idea Villariño y a Ursula K. Le Guin. Todas ellas nacidas, criadas y escritoras durante los años del patriarcado; ninguna de ellas intranscendente en el mundo de la literatura. Ninguna de ellas pidió demasiado permiso para escribir: escribieron, publicaron y si sus historias gustaban o no, y si les daban premios o no por ser mujeres y escritoras no les importó demasiado. Edith Warthon, la autora de The House of Mirth y The Age of Innocence fue amiga íntima de Henry James; se carteaban, se criticaban, se recomendaban libros. The House of Mirth podría haber sido escrita por Henry James y Portrait of a Lady podría haber sido escrita por Edith Warthon; nadie se hubiera sorprendido si así fuera. Si, claro, muchas veces la historia y la crítica de la literatura es misógina: hay muchos historiadores (y más aún historiadoras) de literatura que se encandilan cuando una mujer "escribe bien", lo cuál no solo es misógino sino poco realista porque el noventa y cinco de las veces las mujeres escribimos mejor que los hombres, es decir sin faltas de gramática y de ortografía -siempre sospeché que los hombres tienen una parte del cerebro que les impide asimilar las reglas de la correcta escritura. La gran literatura ha sido escrita siempre por hombres y por mujeres, indistintamente. Exigir un "cupo literario femenino" en estos momentos es casi irrisorio: las mujeres ya hemos llegado a ser presidentas y astronautas, cargos muchos más difíciles a los que acceder que un Premio Nobel de Literatura. Varios de los best sellers actuales son mujeres: Isabel Allende, Suzanne Collins, J. K. Rowling, Cassandra Clare. No veo a demasiados escritores hombres protestando por ese hecho, aunque quizás estén mirando futbol o tenis. No hay ninguna ley que nos impida escribir ni publicar; y claro, estamos en derecho de pedir más visibilidad para las escritoras mujeres, pero ¿exactamente para que? Si un libro está mal escrito, aunque lo escriba una mujer, va a seguir estando mal escrito; y si me obligara el feminismo a leer solamente a escritoras mujeres y feministas, desertaría del feminismo enseguida. Prefiero a Victor Hugo a Virginia Woolf y pienso, además, que los personajes femeninos de William Faulkner son más asombrosos y heroicos que los de Silvina Ocampo. La literatura es un campo de batalla, sin duda, pero no es desertando de leer a los escritores hombres (e incluso de los escritores hombres misóginos) como saldremos del patriarcado: lo único que podemos hacer las mujeres en el campo de la literatura es escribir bien.
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