miércoles, 12 de junio de 2019
Entre la nada y un nuevo presidente.
Falta nada (medio año nomás) para tener nuevo presidente. Que puede ser el mismo que tenemos, o puede ser otro que ya conocemos. Y el problema de fondo sigue siendo el mismo de la política argentina desde hace años: que no hay debate real. Que la política no existe. Que la política a veces se subordina a la justicia y la justicia a veces se subordina a la política. Los medios seguramente van a clamar por un debate presidencial. ¿Para qué? Todos conocemos lo que piensa Mauricio Macri, lo que piensa Alberto Fernández, lo que piensa Daniel Scioli, lo que piensa Roberto Lavagna, lo que piensa Espert y hasta lo que piensa Nicolás del Caño. Ideológicamente, estoy bastante a favor de los postulados de Nicolás del Caño, pero no pienso sentarme a ver un debate presidencial para escuchar a un trotskista hablando de política, porque me he cansado durante toda mi infancia, adolescencia y adultez oír a trotskistas hablando de política, incluyéndome. Con inflación de alimentos alta, con inflación de remedios alta, con cierre de fábricas, con recesión, con una deuda externa alta, con chicos y adultos que cada vez van más a comer a comedores ¿que debate sería apropiado? ¿Si vamos a sacar vacunas para darle de comer a más personas o si vamos a darle de comer a menos personas para restituir las vacunas? Gente que come (y bien) todos los días le habla de republicanismo e instucionalidad, con mucho desprecio, a gente que vive de la asignación universal por hijo, del trueque y de vender tortas fritas en los parques para llegar a fin de mes (mal). ¿Con qué cara? Tendría que estar sobreentendido que un candidato a presidente debe ser como mínimo honesto, republicano y respetar las instituciones. Pero además debe gobernar bien, lo cuál no es un detallecito menor. Es lo más importante. Alberto Fernandez eligió a Cristina Fernandez porque sin los votos de Cristina no gana, Mauricio Macri eligió a Pichetto porque supongo le es afín políticamente y le parecerá que con él condensa el voto duro de la derecha, Carrió ¿alaba? a Pichetto diciendo: al menos no es golpista, el elogio menos elogioso que existe, y además, conociéndola a Carrió, nadie cree que durará demasiado, y las ideas de todos los think thank económicos locales -nota al pie: casi ninguno baja de la edad etaria de los cuarenta años y hay muchos que no leen una columna de economía hace años, enamorados del MerVal, del riesgo país y de Wall Street- repitiendo los latiguillos de Alsogaray y Cavallo. La noticia alegre de los diarios es que con la designación de Pichetto como precandidato "los mercados internacionales" se aquietaron. Los mercados internacionales no votan. No viven en Argentina. No llevan a sus hijos a la escuela en Argentina. Además, cuando se refieren a "mercados internacionales", ¿a que mercados se refieren? ¿A EE.UU.? ¿A China? ¿A India? ¿A Rusia? ¿A Brasil? ¿A la Unión Europea? ¿A Corea? Se llenaron la boca durante años hablando de las maravillas de la globalización y ¿seguimos dependiendo de los nervios de los brokers y stockers de Wall Street? Una pregunta de verdad para el próximo debate presidencial: ¿alguna vez Argentina va a ser un país soberano o vamos a seguir siendo siempre la capital de Rio de Janeiro?
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