domingo, 9 de junio de 2019

Dumbo de Tim Burton

Para los que, como yo, no vieron el original de Dumbo de Disney salvo en las tardes de sábado donde pasaban El Mundo de Disney, y repetían cada tanto la famosa escena de la pluma y el ratoncito (vestido de soldadito de plomo) diciendo: vuela, Dumbo, vuela, no entendimos demasiado las críticas a la versión live action dirigida por Tim Burton. Porque si hay alguien a quién la historia de Dumbo le calza como anillo al dedo para dirigir es a Tim Burton. Y si no recordar sus dos películas de Batman de los años noventa: sus personajes -sus villanos, sobre todo, pero también sus secundarios- parecen salidos de una escena de vodevil o de freaks. El circo, lo extraño, lo vodevilesco, lo que no encaja en la normalidad es lo usual en la estética Burton; de todas maneras su mayor arte es hacer que este vodevil y circo no sean solamente entretenimiento -hay cientos de directores en Hollywood y en todo el mundo que pueden hacer películas solo de entretenimiento- sino que sea algo que deslumbre pero a la vez emocione. Y emocione de una manera oscura y extraña, que no es, por cierto, la de Hollywood, pero tampoco es la del neorrealismo italiano: todo lo que ocurre en las películas de Burton es siempre una pesadilla feliz, o una felicidad pelladisesca, si los dos oximorones fueran posibles.

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