Mendiola llegó a los quince minutos. Tenía la corbata manchada con un poco de salsa de ciruela; en circunstancias normales, le habría dicho a Esmeralda que le fuera a buscar una limpia a la casa, pero se veía que el caso le interesaba.
- Que tal, que tal, señora. Entiendo que su caso es urgente. ¿Quiere pasar a mi oficina?
La señora asintió. Estaba muy nerviosa, sujetaba su cartera con mucha fuerza. Entraron los dos a la oficina de Mendiola y estuvieron hablando un cuarto de hora, más o menos. Después los dos salieron y Mendiola la acompañó hasta la puerta.
- ¿Qué arreglaron?- le preguntó Armendi.
- Mañana viene el hijo. Vamos a ver. Ella está segura de que no lo hizo.
- Es siempre igual- le replicó Armendi. - Nadie lo hizo. Yo te voy a decir algo, según lo que salió en los diarios, hay muchas pruebas que lo comprometen.
- Si- dijo Mendiola- pero hay dos sospechosos más. Y si hay dos sospechosos más...
- Ya sé. In dubia pro reo.
- ¿Y si es culpable y queda libre?- preguntó Mónica.
- Puede ser- dijo Mendiola.- Pero si las evidencias contra él fueran tantas, ya estaría con prisión preventiva. Hay carne en este hueso. Trados- me dijo de repente- conseguime todo lo que puedas sobre el triple crimen de Berazategui. Diarios, revistas, todo.
Estuve toda la tarde haciendo cut and paste e imprimiendo del cyber de la esquina. Antes de que el estudio cerrara se lo llevé a Mendiola. Mónica seguía sin estar muy de acuerdo.
- No me gusta que agarres este caso, Mendiola. Es para problemas.
- Mañana hablo con el acusado. Si veo algo que no me gusta en él, si no le creo...
- No podés confiar solamente en lo que ves.
- Hasta ahora me funcionó. No te preocupés tanto. No vas a ser vos la que lo defiendas.
A Mónica esta última parte no le gustó nada. Armendi tampoco estaba muy conforme con el probable nuevo cliente del estudio, pero no protestó tanto. Cuando yo me fui cada uno de los tres abogados se habían encerrado en su oficina y Esmeralda se estaba calzando los borceguíes.
En casa estaban Paula, Emilia y mamá, mirando el informativo. Para impresionarlas y porque en los últimos dos meses las había peleado tanto, les dije:
- Vamos a empezar a defender a uno de los acusados del triple crimen de Berazategui. Hoy vino la madre, armó un escándalo, y Mendiola tomó el caso.
-¿Cuál de los tres?- preguntó Emilia.
- Valentín Bengoechea.
- Es el que está más enterrado- dijo Paula.- ¿De en serio piensan en defenderlo?
- Parece que sí. Pero hay otros dos sospechosos.
- Si, Claudio Bertramo y Gabriel Espinosa. Son primos. Primero de todo se sospechó de ellos. Gabriel Espinosa le había pedido plata prestada a Herminia Alarcón.
- ¿Quién es Herminia Alarcón?- le pregunto yo.
- ¿Te pasaste dos semanas mirando informes sobre el triple crimen y me preguntás eso? Herminia Alarcón es la que sobrevivió. La encontraron en el baño, con siete puñaladas, y un golpe de martillo en la cabeza.
- ¿Y cuál es su declaración?
- Está en coma, todavía. No creen que pueda salir.
- Los médicos no se ponen de acuerdo- acotó Emilia.
- Ahora, ¿explíquenme una cosa? Con todas las técnicas modernas que hay ahora, con toda la policía científica y todo eso, si ya hay tres sospechosos ¿por qué no se hace un ADN o algo así y listo?
- Trados, vivís en babia- me contesta mi vieja- Ese es el asunto del triple crimen. No se encontraron rastros de otra persona que no fueran las víctimas en la casa. Como si alguien se hubiera corporizado, hubiera acuchillado a las cuatro mujeres y hubiera desaparecido. Es lo raro del caso.
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