jueves, 19 de junio de 2014

Los muchachos del PRO no saben bailar cumbia.

Diario de Amalia.

Llego al trabajo, unos tres cuartitos de hora tarde porque me quedé dormida y cuando me desperté no encontraba mis chatitas, así que tuve que ponerme las plataformas que me compré hace cinco años. En estos momentos la extraño a la Peco; hize que Patri la echara, pero me hacía comer saludablemente y mientras ella estuvo toda mi ropa estuvo en perfecto orden.
Llego al trabajo. Una de las mozas, Azul, me agarra del brazo y me dice:
- Hay quilombo.
- ¿Que pasa?
- En la cocina. La chica esa nueva, la que es amiga tuya, la que venía todas las tardes a comer acá. Es insoportable. Todos queremos que se vaya.
- No.- le digo yo- Si la Peco es divina.
- Mirá, para vos será tu amiga y será divina, pero nosotras acá trabajamos de una manera y no vamos a aguantar que nos cambien todo de repente. El lemon pie acá se hace con crema y un poco de merengue; ella le quiere poner manteca. La pastelera está re sacada. Al brownie le quiere poner dulce de leche. Dulce de leche. Se nos van a ir todos los clientes. Y ni hablar de la tarta de frutas, porque no sé por qué quiere meterle kiwi y frambuesas.  Sin hablar de que prefiere de que el almíbar esté a punto bola blanda y no líquido, porque dice que así tienen más cuerpo.
Es muy duro para mí admitir que veo que su boca se mueve pero no tengo idea de lo que está hablando.
- Pero ¿es tanta la diferencia?
Azul me mira con mucho desprecio.
- Mirá, esta pattiserie es la mejor de la zona. La carta la desarrolló un chef con tres estrellas Michelin. No puede venir una tonta que porque se da tres besitos con el dueño piensa que puede arruinar un brownie perfecto.
Pobre Peco, pienso. Pobre Julian. Nadie los comprende.
- ¿Y que piensan hacer?- le pregunto.
- Medidas de máxima. No vamos a trabajar hasta que este hijito de papá metido a gerente no nos garantice que las recetas no se tocan. Hoy el local no abre las puertas.
- No es para tanto.
- Bueno- me dice Azul- para todos los que trabajamos acá si es para tanto. Vamos para la cocina.
Están todas mis compañeras de trabajo, nerviosas y enojadas. Nunca estuve en una asamblea laboral, así que no sé como comportarme.
- ¿Le contaste todo?- le pregunta la repostera a Azul.
- Si.
- Y, Amalia, supongo que estarás de acuerdo con nosotras. Hay una manera de hacer las cosas gastronómicamente y yo me quemé doscientas veces las manos tratando de encontrarle el punto exacto a la masa soufflé. Lo que la colorada esa nos está obligando a hacer es inaceptable. Así que ahora mismo lo vamos a llamar a Julián y le vamos a comunicar todos nuestros planteos. Y no vamos a abrir el local hasta que los acepte.
- Y ya que estamos- les digo- ¿no podrían hablar también de un aumento de sueldo?
- Muy buena idea- dice Azul.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario