Aunque uno no se dé cuenta las cosas suelen ocurrir de a pares. Eso fue lo que pasó la mañana en que me rompí los tendones; mientras estaba en la camilla de la enfermería, gritando de dolor, en la televisión pasaban la información sobre el triple crimen. Guardiol, el médico del equipo, miraba de reojo mientras me tocaba la parte de atrás de la pantorrilla .
- ¿Te duele acá, pibe?- me decía.
- Dejá de tocar, Guardiol, la puta madre, me duele todo- le decía yo.
- Me parece que se rompió los tendones- le dijo Guardiol al Ruso, el ayudante de campo.- Hay que mandarlo a hacer unas placas.
El día había empezado mal, porque estaba neblinoso y embarrado y frío. A mí Riverito me había mandado a marcarlo a Lezzini, pero con delicadeza porque era una práctica y no querían que el mejor delantero del equipo se lesionase. Yo tenía veintidós años, había salido solo un par de veces a la cancha y a veces jugaba en las prácticas con los titulares y a veces con la reserva. No era muy habilidoso, pero se me apreciaba por tener las cualidades de mi seudónimo en la cancha. Me decían el Hacha Trados. Era difícil que metiera un gol, pero si veía a algun contrario que venía de cerca marcando el arco, yo metía pierna. Me deben haber expulsado doscientas veces, desde que empecé a jugar al futbol a los siete. Mi viejo, que era enfermo de Independiente de toda la vida, estaba super orgulloso de que su hijo hubiera llegado a jugar en primera y siempre me decía cuando salía de la cancha "Uste meta pierna, hijo, meta pierna que no pasa ninguno". Pero incluso él se daba cuenta de que un jugador de veintidós años que pasa la mayor parte del tiempo con los reservistas y de relevo en las prácticas ya no va a llegar a ser famoso, ni siquiera semi famoso, ni siquiera profesional. El tema era que yo no tenía un plan de respaldo. Según Guardiol, podía llegar a ser un buen kinesiólogo o nutricionista; según el Ruso, podía llegar a ser un buen ayudante de campo. Según Luis Bruneleschi, en cambió, el arquero y uno de mis mejores amigos, lo que yo tenía que hacer era ser su manager.
- Vos estás en pedo, Bruneleschi- le decía yo.- Además, vos ya tenés manager.
- Si- contestaba el Brune- pero me trata como si fuera el último orejón del tarro.
- ¿Vos me ves a mí negociando tu contrato con el Patón?
Los dos nos meábamos de la risa. El Patón era el presidente de la Junta Directiva del club. Era simpático y resbaloso y siempre tenía una palabra de aliento para todos nosotros.
Cosas de la vida; el que me había dado el empujón que había terminado desembocando en la rotura de los tendones había sido el Brune. No lo había visto venir por la derecha, el también parecía medio desorientado por la neblina y el frío y yo había terminado el el área chica, tirado en el piso. Guardiol se había tomado su tiempo para llevarme a la enfermería, porque Guardiol hacía todo despacio. Una vez le había preguntado a Riverito como era que aguantaban a un médico tan lento en el equipo. "Porque no se equivoca nunca" me contestó él.
- Tomate estos calmantes mientras conseguimos turno para las placas- me dijo Guardiol.- Pero es rotura de tendones, seguro. Mirá que desastre lo de Berazategui.
- ¿Que pasó?- le pregunté yo, para pensar en otra cosa que no fuera el dolor.
- Mataron a tres mujeres.
- ¿Quién fue?
- Todavía no se sabe.
No se supo ese día ni los días siguientes. A mí me dejaron libre en el equipo, aunque el Brune consiguió que me dieran algo de plata para pagarme el tratamiento rehabilitatorio. La cuestión es que, como estaba en el sillón de mi casa, seguí toda la historia del triple crimen por la televisión, porque a mi mamá y a mis cuatro hermanas mayores les encantan los casos policiales. Cuanto más sangrientos, mejor.
- Que misterio, che- decía Emilia, la mas grande, mientras se cebaba un mate.- Parece que nadie se hubiese acercado al departamento esa noche.
- Pasa que el lugar del crimen estaba todo contaminado- comentaba Paula. Mira "CSI" todas las noches.
- Para mí que fue el vecino- decía mi vieja- Tiene una cara el tipo.
- No estuvo en su casa, mamá- le contestaba Eugenia.- Estuvo toda la noche en el casino del Tigre, las cámaras lo filmaron.
- Igual tiene una caripela- insistía mi vieja.
- ¿Vos que pensás, Trados?- me preguntó Laura. No sé por qué incluso en mi familia me llaman por mi apellido, como si Sebastián, mi nombre, fuera solo un apodo cariñoso que mis padres inventaron en el registro civil. Esto fue así desde siempre, desde que tengo memoria y es una de las cosas más extrañas de mi existencia.
- Qué sé yo. Por la tele te tiran mil hipótesis por segundo. Además, a ustedes le gustan esas cosas, a mí no. Yo quiero mirar Fox Sports, ahora pasan Barcelona contra Real Madrid.
- Dejáte de joder con el futbol- dijo Eugenia.- Esto es mucho más interesante.
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