martes, 17 de junio de 2014

Libros y lecturas.

La primer alarma suena a escándalo moral: nuestros niños y adolescentes leen menos que antes. Algo espantoso y que corregiremos prontamente entregándoles libros que sean tan entretenidos como Disney Channel o Angry Birds o, mejor aún, libros que deriven directamente de Disney Channel o de Angry Bird. Un eterno círculo vicioso que nos termina enredando en balbuceos tipo Todo tiempo pasado fue mejor,  En mi época no pasaba, y el mafaldiano Esto es el acabose. Lo que nos hace esquivar lo obvio, lo que está enfrente de nuestros ojos; nosotros leemos más que antes y leemos peor que antes. Sería entretenido ver a casi cualquier periodista o crítico de espectáculos o editor de secciones culturales enfrentado a la tarea de diseccionar críticamente un libro de Nestor García Canclini, para citar a un autor que aprecio, que plantea cuestiones interesantes y que no me parece que hable en un lenguaje complicado. La mayoría no lo pueden hacer. La mayoría de los textos que encuentro en las páginas web de noticias diarias son lisos, son hechos para touch screens: el chiste obvio, la ironía sin gracia, la falta de espesor , la respuesta final a la foucaltiana pregunta ¿Importa quien habla?, porque no, ya no importa quien habla, si todos escriben más o menos lo mismo y piensan igual. Yo me pregunto, si nuestros hijos empezaran a leer realmente, a leer y a escribir no como hacemos nosotros, para el golpe de efecto ¿los soportaríamos cuando crezcan? ¿No nos conviene que nuestros hijos sean un poco estúpidos y nos burlemos un poco de ellos, de sus cortes de pelo extraños, de sus redes sociales, de sus hábitos consumistas, para que nunca nos cuestionen? ¿No nos viene bárbaro que nunca piensen por si mismos y que nunca confíen en nadie, que no tengan ningún proyecto ni ninguna visión de futuro, así la verdad revelada la seguimos teniendo nosotros? Antes la escuela y la familia disciplinaban sobre los cuerpos; ahora se disciplina directamente sobre las mentes de las personas. Para mí, todos los chicos tienen el derecho a aprender leer y además tienen el derecho a que les den herramientas para no creer todo lo que leen, ni lo que escuchan ni lo que ven. Tienen derecho a no pensar como nosotros y a estar en desacuerdo con nosotros. A cuestionarnos cosas que nosotros no nos cuestionamos nunca como generación. Inclusive tienen derecho a no creernos. A que no seamos sus ídolos. En realidad, no hay nada más peligroso para el desarrollo de la historia de la humanidad que el ídolo sean tu padre o tu madre.

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