Diario de Germán.
- ¿Estás seguro que te robaron el auto? ¿No lo habrás dejado en otro lado?
- No, era acá, seguro. Uy, hasta dejé adentro las llaves de mi departamento. Los documentos. La extensión Visa de mi viejo. Me va a matar. Además, tenía todos los apuntes de la facultad y los libros teóricos que son inconseguibles. ¿Quién me los va a prestar ahora? ¿Por qué tuve que pelearme con Amalia? Que boludo.
- Focalizá, Javier- le digo yo.- Vamos a hacer la denuncia a la comisaría.
La noche está muy oscura, y en algunas calles no hay buena iluminación. La próxima vez que haya reunión en el comité del PRO, voy a comentar este tema. Después de unas cuantas vueltas, encontramos la seccional que nos corresponde.
- Hola- dice Javier- vengo a denunciar el robo de un auto.
- Bueno- dice el policía- Espere acá sentado. Usted y su amigo.
Nos quedamos sentados en el banco de madera. Al lado hay una señora con un termo y una bolsa de papel con tortas fritas. Entonces entran dos mujeres policías, una de ellas hablando por handy. La otra (una morocha bastante linda) se queda parado mirándolo a Javier.
- Javier Piedrabuena- le dice de repente.
- ¿Te conozco?- le pregunta él.
- Marina Elizalde. Cuarto y quinto grado juntos en la "Esteban Echeverría". La señorita Mónica y la señorita Violeta. Una tarde le robaste la merienda al Gordo González y el te encontró escondido atrás del mastil y te rompió todo el guardapolvo y las zapatillas. Tuvieron que llamar a tu mamá, que casi lo mata a González y al final terminaron todos llorando en el despacho de la directora.
Me doy cuenta por la cara que Javier no la reconoce para nada, pero lo disimula bastante bien.
- Claro, si, Marina Elizalde. Cambiaste un montón.
- Si, un poco. Mis viejos se separaron cuando yo terminé el quinto grado y nos tuvimos que venir a la capital con mi mamá. Terminé la secundaria en una EEMPA, hace cinco años y después me metí en la Metropolitana. ¿Y vos? ¿Que hacés acá?
- Yo- dice Javier- estudio Derecho, vivo en el Abasto, me peleé hace poco con mi novia. Y me robaron el auto hace un ratito.
- Uy, que bajón. Mirá, te voy a ayudar a hacer todos los papeles. Garmendia- le grita al policía que nos atendió al principio- a mi amigo le robaron el auto. A ver si le tomás la denuncia. ¿Que auto tenías?
- Un Renault 2000.
- Igual que el mío.- le dice- Mirá, ahora en un ratito se me termina la guardia ¿Quieren que los lleve a su casa? La noche porteña está peligrosa.
- No hay problema- dice Javier.
Antes de completar la denuncia, me codea y me dice "No tengo ni puta idea de quién es, pero está buenísima. Que me lleve".
- Bueno- dice ella- vamos para el Abasto. Dame tu dirección, Javi, y contame que fue de la vida de mis compañeros de cuarto.
- Bueno- dice Javier- yo de segundo año a quinto año salí con la Juli, la que era media parecida a Gloria Carrá en "La banda del Golden Rocket", ¿te acordás? Pero antes del viaje a Bariloche me metió los cuernos y la dejé. El Gordo González se hizo marino mercante. La señorita Mónica se casó con él.
- No- dice Marina.
- Si- dice Javier.- Hace tres años. El le confesó hace cuatro que desde primer grado estaba enamorado de ella. Fue la comidilla de toda la región durante cuatro meses. Después se fueron a vivir a Mar del Plata.
- ¿Y el hijo de la señorita Mónica? Lo odiaba al Gordo González.
- Lo sigue odiando. ¿Por qué te pensás que se fueron a vivir a Mar del Plata?
- Que cosa, che- dice Marina. - Nunca me lo hubiera imaginado. La seño Mónica. ¿Qué le puede haber visto a ella? Si usaba guardapolvo.
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