lunes, 16 de junio de 2014

Primera sangre. 2º parte

Pasó un mes. Y pasaron dos meses. Mi vieja y mis hermanas se dejaron de joder con el triple crimen de Berazategui, y se engancharon con el divorcio del periodista más codiciado de la televisión y después con la pelea entre las dos vedettes más famosas del momento y después con la otra pelea de la vedette más famosa del momento con otra que había sido famosa hacía dos años y después con la reconciliación del periodista más codiciado de la televisión que curiosamente no era el primero. En los ratos que estaban trabajando o estudiando o en el caso de Eugenia cuidando a sus mellizos yo podía ver Fox Sports o TC Sports, pero dejé de verlos porque cada vez que lo hacía me daban ganas de estar en la cancha y no lo soportaba. El Brune y Luchín, mi cuñado, venían a veces a hacerme el aguante. Mi vieja nos engordaba a base de Fernet y papas fritas; solamente mi viejo parecía un poco preocupado.
- Trados- me decía- hablé con Guardiol y me dijo que no podés jugar más. Que macana que dejaste la técnica, pibe, pero ahora vas a tener que buscarte un laburo.
- Si, pa- le contestaba yo. La verdad es que lo único que se me ocurría era ser cadete o repartidor de pizzas, porque siempre me encantó andar en moto.
Una tarde, junto con Brune, cayó Riverito. Me parece que ambos se sentían medios culpables por mis lesión, por el corte de mi carrera futbolística y habían estado hablando sobre mi futuro. Creo que temían que cayera en el alcoholismo, en la depresión o en la malvadas garras de las mujeres del barrio, representadas mayormente por las amigas de mis hermanas.
- Mirá, pibe- empezó diciéndome Riverito- yo sé que vos dejaste de hacer un montón de cosas para jugar en el club y la verdad es que siempre fuiste de fierro con nosotros. Los titulares te extrañan un montón, siempre me preguntan "¿Y el Hacha Trados? ¿Cómo anda?"  Hasta el Patón me preguntó por vos.
- Bueno- les dije yo- Los voy a ir a visitar algún día.
- Si, bárbaro. Pero lo que quería decirte es esto; tu viejo me comentó que vos andás buscando un laburito, algo con lo que tirar y  mi cuñada es socia minoritaria en un bufette.
- ¿Que, necesitan mozo o bachero a algo así?
- No, Trados, un bufette de abogados. Es bastante conocido, el de Armendi Mendiola. Sale a veces en la tele Mendiola. Armendi no sale tanto, no le gusta. Bueno, la cosa es que hace dos meses que se les fue la chica que les hacía el trabajo en Tribunales, y ahora están tirando con la hija de Mendiola, pero la pobre no entiende nada, se largó a llorar tres veces desde que empezó, mezcla todos los sobres. No la van a despedir, obviamente, pero la idea es dejarla como recepcionista y contratar a alguien para que haga el trabajo de ella. Y mi cuñada me comentó eso después del almuerzo el otro día y se me ocurrió que vos podías hacer ese trabajo.
- No sé, Riverito, yo ni terminé la secundaria.
- La hija de Mendiola fue mejor promedio en la Católica en Administración de Empresas- me retrucó Riverito- Y no dudo que de administrar empresas sabe mucho, salvo que no tiene una empresa para administrar. Yo de leyes no entiendo, pero el laburo parece fácil, si prestás atención. Es básicamente estar en la calle, llevar papeles de un lado al otro, hacer cola, por ahí también pagarles algún impuesto. De última, si no funcionás, te van a echar. Pero por ahí funcionás.
- Más o menos lo que querías- reforzó el Brune- Algo así como cadete, pero sin moto.
- Bueno- les dije yo- voy a ver.
Mi viejo me compró una camisa nueva y un par de zapatos. De la graduación de Paula yo tenía guardada una corbata. Así empilchadito me presenté el martes a la mañana en el edificio Palomares, donde en el noveno piso funciona el bufette Armendi- Mendiola y asociados. Toqué el timbre de la oficina; una mujer de pelo muy corto y anteojos me atendió.
- Hola- me dijo- vos debés ser Trados. Yo soy Mónica Cohen, la cuñada de Riverito. Necesito que lleves esta demanda al Juzgado Contravencional, que hoy se vence el plazo.
- Perdón- le digo yo- creí que venía a una entrevista.
- Mirá, si, te haría una entrevista, pero menos desastre que Esmeralda no nos vas a hacer. Ya nos pararon dos casos que teníamos prácticamente resueltos por culpa de ella. Perdí una mañana yendo yo misma a Tribunales, a discutir con la secretaria y la prosecretaria. Por ahora te vamos a pagar por día, pero si veo que servís arreglamos algo mensual y viáticos. Ahora te doy la dirección.
Así empezó mi nueva vida.

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